En el entorno del ministro del Interior mantienen la táctica de arremeter contra los gobernadores díscolos que no brindaron su apoyo para aprobar el polémico artículo 75 del Presupuesto nacional, que derogaba las leyes de Discapacidad y Financiamiento Universitario. Pero las miradas en varios sectores del Gobierno caen en “El Colo”.
Fueron 24 horas difíciles de digerir. Si bien de la boca para afuera en el Poder Ejecutivo intentan mostrar que el fuerte revés en la madrugada del jueves por la letra chica del Capítulo XI del Presupuesto 2026, por el que perdieron 16 votos si se compara la votación en general de la iniciativa, es producto de “traiciones” de ajenos, el revuelo interno está a la orden del día.
Y en esos dejos de desconfianza hay un principal dañado: Diego Santilli. El flamante ministro de Interior debutaba con un partido trascendental y se quedó a mitad de camino, con un resultado final que duele más de lo que tranquiliza en el círculo chico de Javier Milei.
La ecuación es clara: en distintos sectores del Gobierno concuerdan en que se fue a fondo por todo y que era el momento, por el viento de cola del triunfo electoral, de imprimir una dinámica arrolladora para los planes del oficialismo en la segunda etapa del mandato “libertario”.
Por eso también el golpe fue duro. Haber perdido por tercera vez en seis meses en la Cámara de Diputados la contienda por las leyes de emergencia en discapacidad y financiamiento universitario, dos temas que el Gobierno entrona como batallas fundamentales, fue un sacudón inesperado.
En esa misma jugada de abordar por bloques de capítulos y no por artículos en particular, el Gobierno se tenía plena confianza de que los números finalmente iban a estar.
Tras conocerse el resultado, el propio Presidente, que mientras se debatía el Presupuesto estaba en el streaming del “Gordo Dan”, enfureció y dejó por sentado que si la “ley de leyes” se aprueba así en el Senado lo vetará porque le generará déficit fiscal
La derrota incluyó también la caída de las iniciativas para derogar el carácter móvil de las asignaciones familiares, entre ellas la Asignación Universal por Hijo.
Y además quedaba en el camino la derogación de la Ley de Zonas Frías, por la que se buscaba eliminar la ampliación de localidades y provincias votada en 2021, lo que retrotraía el beneficio de los subsidios en las tarifas de gas únicamente para la Patagonia, Malargüe y la Puna.
Otro frente de rispideces fue el que se abrió entre los libertarios con sus socios de siempre, el PRO. Este proyecto incorporaba, a pedido del elenco comandado por Cristian Ritondo, el cumplimiento de los actos procesales dispuestos por la Corte Suprema para que se haga lugar al reclamo por la coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires.

Esto había sido negociado entre Jorge Macri y Santilli, y se incluía la transferencia de recursos del supremo tribunal al Consejo de la Magistratura por 21.347 millones de pesos.
Y la pelea se intensificó cuando entre gallos y medianoches, Ritondo explotó tras confirmar que el partido amarillo se quedaba afuera del reparto de cargos para la Auditoria General de la Nacion (AGN), y anunciaba su judicialización.
“La falta de códigos y de compromisos asumidos, corre por cuenta de LLA y por quien preside esta Cámara», denunció el jefe del bloque del PRO, aludiendo directamente a Martin Menem.
El riojano había negociado con el salteño Sáenz y el misionero Carlos Rovira, y se quedó con una silla clave en el organismo. La operación se completó con un guiño clave al peronismo y al operador Juan Manuel Olmos.
EL APUNTADO
Santilli no quiso cargar directamente contra los gobernadores, a los que en las últimas horas, con el aval del ministro de Economía Luis Caputo, les había abierto el grifo de financiamiento para intentar “ablandar” voluntades.
“Hubo gobernadores que no pudieron convencer de ese cambio cultural a muchos o a algunos de sus diputados”, se excusó Santilli.
En el gobierno apuntaron contra los peronistas que coquetean con el Poder Ejecutivo y se llevaron una “doble” tajada: Osvaldo Jaldo (Tucumán), Raúl Jalil (Catamarca) y Gustavo Sáenz (Salta).

Al primero le transfirieron $20.000 millones; al segundo, $10.500 millones; y, al tercero, otros $6.000. Y encima, no quedaron atados al polémico apartado del Presupuesto. También entran en este grupo el neuquino Rolando Figueroa y el correntino Gustavo Valdés.
Pero Santilli no quiere romper relaciones. Por eso tiene que dar volteretas en el aire. Esto se definió luego de la mesa chica del Ejecutivo, en la que participaron Santilli junto al jefe de gabinete, Manuel Adorni; el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem; la líder “libertaria” en el Senado, Patricia Bullrich y el asesor Santiago Caputo.
En el caso de la relación de Santilli con su amigo Ritondo y el PRO, todavía no se traduce todo lo que sucedió en Diputados en una ruptura.
Pero el auto se rayó. En días en los que Javier Milei se dice “hincha de Estudiantes”, y amante de la filosofía bilardista, hay una máxima “Pincha” que dice “hay que ganar como sea”. Y Santilli, en su primera prueba de fuego, falló.
Fuente: Diagonales







