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Ahora se volvió nacionalista

Milei anunció que hará a partir de ahora todo lo que no hizo en tres años respecto de Malvinas. Por eso es difícil tomarlo en serio. Pero por algo tuvo que hacerlo: es una foto de su debilidad actual.

Como máximo en el curso de la semana, o de las siguientes, cabe suponer que desaparecerá del radar el indescriptible episodio de Javier Milei mudado a nacionalista feroz de la noche a la mañana.

Si eso no sucediera y las cosas escalaran hasta una confrontación internacional viabilizada desde Washington y la firmeza soberana por parte de un gobierno que, poco menos, se jacta de ser un felpudo estadounidense, deberíamos quemar todos los manuales y enseñanzas históricas.

Se asume la restricción personal de no poder tomar en serio que se tome en serio lo que se anunció.

Junto a ello, desde ya, hay la posibilidad de equivocarse siendo que estamos hablando de la política argentina. Inmersa en campaña electoral, encima.

Resulta que, a horas de reivindicar a Augusto Pinochet en su visita trasandina y mientras su amiguísimo José Antonio Katz notificaba la apertura de una ruta comercial para unir Punta Arenas con las Malvinas, proveyendo hacia allí alimentos, gas licuado, repuestos y materiales de construcción, el Presidente aparece en cadena nacional.

Lo acompañó la coreografía de todo el Gabinete en situación de congelamiento postural, y rictus de cómo puede ser que yo esté acá escuchando esto. De hecho, en público, todos los libertaristas conocidos escapan de hacer lucubraciones sobre el burdo cambio posicional de El Hermano.

Ya era suficiente con que Chile y el Reino Unido avancen en un puente con las islas. No hacía falta que, justo en la noche de ese mismo día, Milei bombardeara al sentido común con su esperanza de que “los aliados” se sumaran al patriotismo renacido.

No. Ocurrió que quien supo tener el retrato thatcheriano en su despacho anunció sanciones que ya están contempladas en una ley de 2011, prohibiendo explorar hidrocarburos en Malvinas sin permiso nacional. Que esa misma ley se aplicó en 2021 contra Navitas Petroleum, Chrysaor y Harbour Energy. Los libertaristas, simplemente, jamás la impulsaron contra el proyecto Sea Lion.

La base naval que anunció, para desplegar en Ushuaia, está en el mismo contexto que exigió la generala estadounidense Laura Richardson. Con ella se reunió allí, a hurtadillas, en una medianoche de abril de 2024.

Pero eso tampoco es lo más impresionante: el hachazo presupuestario prácticamente interminable determinó que jamás se pusiera un peso para concretar lo que, ahora, es de necesidad y urgencia.

Fue en la gestión de Alberto Fernández cuando se avanzó en la integración de esa obra, bien que con otras aspiraciones geoestratégicas, procediendo al alisado del terreno. Llegó Milei. Y a otro perro con ese hueso porque “no hay plata”.

El oro argentino está en Londres, para que incluso se hable del temor de Caputo Toto frente a la eventualidad de que esas reservas sean tomadas de rehén si, acaso, prosperaran represalias sobre activos argentinos.

No es necesario, siquiera, irse hasta semejante amenaza real o presunta.

El Ministerio de Defensa está vaciado. Compraron chatarra voladora. Las Fuerzas Armadas, en términos operativos, son antes una entelequia que una logística mínimamente respetable. Destruyen el sistema científico-técnico hasta el límite de preguntarse con cuáles satélites e investigaciones piensan encarar su ataque de soberanía. Y con cuáles barcos y estrategia de control que -además- atiendan a la problemática pesquera, absolutamente ignorada por la puesta en escena de las “sanciones” presidenciales.

¿Cómo es posible que haya quienes se animen a tomar con seriedad esta payasada “galtieroide”, para citar la estupenda adjetivación de Martín Granovsky? ¿Cómo puede ser que el objeto patriótico de análisis predomine sobre el sujeto que lo enuncia?

¿A quién puede ocurrírsele que El Retrato de Dorian Grey no acaba exhibiendo los pecados y la maldad de aquel que vende simbólicamente su alma a fines de mantenerse, para el caso, en una juventud ideológica que de libertario furioso habría mutado a nacionalista decidido?

¿Cuál infante no advierte el empalme entre este súbito patrioterismo y la imagen mileísta en caída no libre, pero sí significativa? ¿Por qué sobre-analizar lo que es evidente? ¿Cuántas vueltas quieren pegársele a ese aspecto y a la satisfacción anunciadora de montarle una base a Trump en Tierra del Fuego? (se sugiere, como de costumbre, leer el artículo de Luciana Bertoia, este domingo, acerca del viejo proyecto que reflota Milei con Malvinas como pretexto).

Debe ser que ciertos colegas e influencers, como charlaba el suscripto con un compinche del ámbito en estas horas de ensoñación, se precipitan con la pose de ser equilibrados y objetivos.

Por eso, es mejor tomarse en serio a quienes lo asumen en joda.

En X pudo leerse que es fascinante la coordinación de muchos panelistas y streamers para repetir que el discurso de Milei fue “inteligentísimo, apropiado, novedoso, inesperado”, como si hubiera sido bien puesta la plata de la SIDE. Exageraciones.

Pero lo más destacado, hasta donde uno vio, fue lo de la cuenta nico canedo a propósito de que solo falta Lo Celso mostrando una bandera por la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario.

Visto por la positiva, o algo así tirado de los pelos, el delirio se llevó la marca de la nueva obra en la interna peronista, a raíz de que los senadores de Unión por Patria votaron favorablemente el pliego de uno de los jueces de Lago Escondido. La única excepción, corresponde reiterar, fue el rionegrino Martín Soria. Había denunciado penalmente a Pablo Yadarola, y a otros magistrados federales, por incumplimiento de los deberes de funcionario público y dádivas.

Tuvo la dignidad de retirarse del recinto al momento de la votación. Todos los demás se quedaron en sus bancas y aprobaron el nombramiento.

Después, fluctuaron entre el silencio ensordecedor y acusar (???) a periodistas, del palo, por no entender que deben entenderse tácticas de la alta política. ¿Cuál sería esa estatura? ¿La interpretación o presuntos datos que vuelcan informadores u opinadores propios, en ausencia de que algún senador dé explicaciones?

No se trata de caer en principismos imbéciles, susceptibles de ignorar a como sea una palabra con pésima fama. Rosca.

Desde cualquier fondo de los tiempos, la rosca es constitutiva no sólo de la política. Lo es de las relaciones humanas en su conjunto.

El problema, serio o grave, se da cuando el producto rosquero no engarza con su destino o rebote, masivo o internístico.

El beneficio de que la bancada peronista haya votado ese “elemento” se relaciona, seguramente, con el agotamiento que estará afrontando Cristina por la persecución mugrienta que sufre. Evidenciaría lo ¿imprescindible? de “mostrar algún gesto para no seguir peleándose con los jueces”, a partir de que esa táctica no dio hasta ahora ningún resultado positivo.

Pero el costo es o podría ser altísimo porque, sin signos previos de que era imperioso transar, votaron algo que va absolutamente en contra del discurso anticorpo -judicial, a los efectos- de toda la vida.

Nadie se animó a dar una sola explicación. Nada. Nada de nada. Y, para peor de peor, esto sucedió justo en el cuarto aniversario del atentado a Cristina. Fue muy chocante que la batalla desatada, por la votación en Senadores, incluyera agredirla hasta los extremos que se leyeron en los posteos de las cloacas digitales.

Sucedió, ergo, un enchastre generalizado hasta ese punto de los unos y los otros destrozándose a cielo abierto.

Los unos y los otros del mismo espacio, entendámonos, excepto que sea la hora de asimilar que no son una zona común.

Los unos -muchos o la mayoría de ellos- conciben que por fuera de “Cristina Libre”, como consigna excluyente, no hay lugar para edificar nada. Creen, o dicen creer, que sin ella habilitada, y en la dirección del “movimiento”, no hay rumbo alternativo ni legitimidad imaginables.

Y algunos o muchos de los otros creen que la víctima es victimaria, objetiva o subjetivamente.

Como sea, la moraleja irrebatible es que este tristísimo espectáculo revela -confirma, en rigor- el estado de acefalía en que se encuentra la fuerza opositora principal. No hay conducción, sino conducción de facciones. O sectores, si no se quiere ser tan dramáticos, en tanto “facciones” es un figura retórica de connotaciones reaccionarias.

También es por allí donde se filtra que el engendro libertarista pueda permitirse la producción casi capusottiana del jueves a la noche. En la medida de que el rechazo no esté organizado, el Gobierno podrá caer en el (eventual) ridículo. Y a la par, mantener bases electorales descendentes pero, todavía, expectables.

Que Milei pueda galtierizarse en cadena nacional habla de su amoralidad y, asimismo, de que por algo tiene que hacerlo. Eso sería su debilidad. Y que por algo puede hacerlo, es la debilidad de la vereda de enfrente.

Fuente: Pagina 12

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