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Ante el asombro del mundo, Argentina es finalista

La Selección Argentina se clasificó a la final de la Copa del Mundo y lo hizo después de ganarle  a Inglaterra en un partido que quedará en la historia. 

“Cada Mundial que pasa sigue siendo el mejor de nuestras vidas”. Se lo escribí apenas terminó el partido a un grupo de amigos-colegas con los que viajamos juntos desde hace casi cuarenta días por México primero y Estados Unidos luego. No recuerdo en diez Copas Mundiales un equipo de este coraje, de esta decisión para ir a remontar uno y otro partido. De un líder tan increíble como Leo Messi, discreto, casi escondido, para irrumpir y romper todo en el momento exacto. Una convicción tan contagiosa que, una hora después, cuando comienzo a escribir en mi asiento del Atlanta Stadium, cuando todavía hay llantos por la remontada otra vez épica, los hinchas le dicen al equipo que celebra con un cartel de Malvinas sobre el césped: “que el domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar”.  

Es cierto, Inglaterra agotó todas sus energías con un increíble despliegue y dominio en la primera hora de juego, pero luego se arrinconó en su área, regaló la pelota y facilitó una reacción que Lionel Scaloni ordenó desde la banca, con una invasión de delanteros al campo, a la que Messi, otra vez corrido a la derecha, como contra Egipto, le puso lucidez y precisión. No hago más goles yo. Háganlos ustedes. Ocho goles y cuatro asistencias en siete partidos y a los 39 años. Tercera final en los últimos cuatro Mundiales. “Genio del fútbol mundial”. 

Los Mundiales fueron creados para enfrentar a Argentina con Inglaterra. Cada clásico que me tocó estar fue de una vibración única, una electricidad que corrió por toda la cancha, aunque pasara poco en el campo, como sucedió en el primer tiempo, con Inglaterra mejor, atacando por las bandas, dominando el medio del campo. “No tenemos highlights, pero fue un partido entretenido”, alcanzó a decir el ex jugador estadounidense Alexis Lalas en la trasmisión de la TV local cuando terminó la etapa inicial. “Bienvenidos al verdadero fútbol”, saludó la batalla el ex crack francés Thierry Henry. “Los argentinos –cerró al lado de ambos Zlatan Ibrahimovic- son los mejores del mundo provocando a los ingleses, bué, provocando a cualquiera”. Así salió la selección a la cancha. A puro combate cuerpo a cuerpo. 

Minutos antes, por la megafonía la vieja melodía de Sweet Caroline de Neil Diamond entonaba a los ingleses. “¡Dulce Caroline! Los buenos tiempos nunca parecieron tan buenos. ¡Me inclino a creer que nunca existieron los malos!”. Yerba Brava sonó apenas después: “Borracho yo voy cantando con mis amigos…te sigo a muerte por dónde vas”. Los himnos fueron a puro silbido mutuo. Algunos colegas en la tribuna de prensa dejaron la vida en el “ooo juremos con gloria morir”. “Con periodistas así –pensé- no podemos perder”. “¡A estos putos les tenemos que ganar!”, gritaron a continuación los hinchas. Un colega alemán me preguntó “a quién” se referían. A todo este espectáculo, el país del soccer quiere decirle “Super Bowl”.

Argentina inició el partido con furia planificada. Leandro Paredes lideró los roces contra Jude Bellingham. Giuliano Simeone (sorprendió su titularidad por Rodrigo De Paul) se convirtió en uno de los tantos luchadores que tanto gustan por estas tierras. De las tribunas no salían exactamente exclamaciones de “ole”. Salían rugidos. Bastó el gol inglés a los 53’ (buen centro cruzado de Bellingham, Anthony Gordon anotó ante un Nahuel Molina distraído) para que esa furia planificada se hiciera salvaje. Pocas veces en el alto nivel vi a un equipo someter a otro de esa manera en el último cuarto de hora del partido. Es cierto, un día antes España dio una clase de fútbol al archifavorito Francia. Si Francia fue una heladera, lo de Argentina fue una clase de carácter. “Habrá mucho debate sobre qué tan bueno es realmente este equipo de Argentina. Pero una cosa que no está en duda es que son uno de los equipos más valientes y resilientes que se hayan visto jamás en este nivel. El corazón y el alma que tienen es asombroso”, escribió en X Andrew Downei, periodista escocés, autor de una biografía sobre el brasileño Sócrates. 

Los postes y las atajadas de Jordan Pickford decían que no. Pero allí fue el turno de Messi, mucho más participativo, pero siempre bien controlado por Inglaterra, que renunció a jugar en el final dramático. La lucidez de Leo otra vez en la desesperación. La asistencia a Enzo para el empate fue de rutina. El desborde final de un padre de familia de 39 años a dos jóvenes que casi podrían ser sus hijos a los noventa minutos, el centro con derecha preciso a la cabeza de Lautaro quedará en la historia. Otra vez él. El supuesto protegido de la FIFA respondiendo con lo que mejor sabe, a puro fútbol. Nunca subestimes a esta selección. Tampoco, claro, habrá que hacerlo el domingo ante la España imperial que dirige Rodri desde la mitad de la cancha y que es finalista sin que todavía haya explotado el genio de Lamine Yamal, señalado por muchos como “el próximo Messi”. Puede que lo sea porque es un crack distinto. Pero Messi todavía no se fue. Hoy lo aplaude el mundo.

Fuente: El Destape

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