Un informe de la UCA reveló que apenas el 14,2% de las personas entre 18 y 25 años logra acceder a un empleo de calidad
Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) reveló que casi el 70% de los jóvenes de entre 18 y 25 años del país se encuentran inactivos, desempleados o precarizados en el circuito informal de trabajo.
El estudio, titulado «Juventudes desiguales: entre la promesa y la exclusión», indicó que solo el 14,2% de la población juvenil logra conseguir un empleo formal y de calidad.
Si se analiza la situación de forma diferenciada por estrato social, la informalidad aumenta en los sectores más vulnerables. En la llamada clase media, el empleo regular llega al 38,9% mientras que en los sectores más bajos el índice se desploma al 19,7%.
Por otro lado, el informe evidenció una profunda brecha educativa: el 69% de los jóvenes del estrato medio alto inició o completó estudios superiores contra apenas el 10% de los jóvenes pertenecientes al estrato muy bajo.
La desigualdad llega a tal punto que en los sectores más vulnerables, el 64,7% de los jóvenes ni siquiera ha logrado terminar la escolaridad obligatoria.
Del mismo modo, la posibilidad de dedicarse de manera exclusiva a la formación académica alcanza al 41,2% de la juventud de ingresos altos mientras que en los estratos sociales más bajos llega a un magro 15,6%.
En ese contexto, el trabajo del Observatorio de la UCA también puso el foco sobre la salud mental de la población juvenil argentina y allí también encontró una brecha: el malestar psíquico afecta al 28,5% en el estrato muy bajo frente al 15,5% en el medio alto.
Finalmente, en líneas generales el informe arrojó que el 85,5% de los jóvenes de 18 a 39 años llega al día 20 del mes sin un peso en el bolsillo.
«La exclusión juvenil no puede interpretarse sólo desde los atributos o decisiones individuales», afirmó el estudio. «Las trayectorias observadas expresan desigualdades en los recursos y estructuras de oportunidades disponibles para los jóvenes y sus hogares. Las oportunidades de futuro se construyen sobre puntos de partida muy desiguales y sobre recursos familiares que pueden ampliar o restringir esas oportunidades», concluyó.
Fuente: Diagonales







