La principal aliada del Gobierno es la voz campante de una lista de funcionarios que no se animan a vociferar abiertamente que el “caso Adorni” hiere de muerte la credibilidad del proyecto “libertario”. Agenda cuasi jefa de Estado en Chile, guiños a una candidatura como jefa de gobierno porteño, y un establishment que la ve como principal alternativa si naufraga LLA.
Hace exactamente 30 días, cuando todas las miradas y la agenda pública ya apuntaban contra el jefe de Gabinete Manuel Adorni por los escándalos de gastos, viajes, propiedades y deudas que ya no solo tienen a maltraer al propio funcionario sino también al resto del Gobierno, Patricia Bullrich marcaba la cancha.
“Quizás no tiene el cuero tan duro como yo”, había sintetizado en una maniobra por la cual la actual senadora “libertaria” buscaba excusarse para no ser ella la que intimaba a Adorni, y por decantación a Javier y Karina Milei.

Pero se trataba de toda una demostración de principios de lo que para la exministra de Seguridad había que hacer desde el minuto uno y que la última semana alcanzó un límite en la paciencia de Bullrich, que mantiene una agenda propia no solo con un electorado que le pide transparencia “republicana”, sino también con un Círculo Rojo que la ve como principal garante de que los cambios económicos y sociales en la Argentina desde diciembre del 2023 trasciendan al propio Javier Milei y tengan continuidad en el 2027.
En los últimos días, esa consideración menos enfática de Bullrich comenzó a subir de tono. Ahora ya estaba decidida y le decía abiertamente a Eduardo Feinmann que Adorni debía presentar la declaración jurada de forma «inmediata».

Señalaba que el jefe de Gabinete debía demostrar que no había nada raro en los 480.658 dólares de gastos que se le encontraron al jefe de Gabinete y los 135 mil dólares de deuda contraída, difíciles de explicar con sus actuales ingresos por 7 millones de pesos, pero que incluso eran de la mitad de ese monto cuando se traza el historial de erogaciones de la familia Adorni en sus días como vocero.
Con el correr de las semanas, esa tibieza y “comprensión” de Patricia por la inexperiencia de Adorni se convirtió en reclamo. Un reclamo que ella, por su espalda política puede plantear abiertamente, pero que es seguido por otros funcionarios de la administración libertaria que ven que ese “ruido interno” puede tirar por la borda los planes del Gobierno. Un ruido interno que además de lo circunstancial del problema que se llama Manuel Adorni tiene como trasfondo la encarnada disputa entre Karina Milei y Santiago Caputo.
Bullrich ya se había manifestado en contra de la guerra entre los dos laderos más cercano al Presidente antes de la elección de octubre del año pasado y desde la Casa Rosada no solo la desoyeron, sino que también le quitaron áreas de influencia, una vez que la excandidata presidencial del PRO se fue al Senado. La tensión con la “hermanísima” seguía latente.
A pesar de que su papel en la Cámara alta durante las sesiones extraordinarias fue de gran relevancia, con la aprobación de leyes trascendentales como la Reforma Laboral, Bullrich siguió en la mira de Karina Milei, que especula que en cualquier momento la actual aliada “libertaria” puede demarcarse más fuertemente de lo que viene haciendo incluso hasta ahora.

A fuerza de un “cuero duro” por su trayectoria, encuestas que la siguen midiendo bien, y un cúmulo de relaciones de sus últimos 30 años en la política nacional, Bullrich coquetea todo el tiempo con arremetidas de una nueva aventura rupturista, como lo ha hecho en todo su historial. Una prueba gratis fue el abrazo con Mauricio Macri durante la cena de la Fundación Libertad en la que Milei y el expresidente se evitaron.
El mes de mayo, con los diez días que pasaron, trajo nuevas señales de “autonomía” de parte de Bullrich. El día del Trabajador la exministra, mientras el Presidente solo se saludaba al él mismo, prefirió tener un mensaje más general sobre la fecha. En esa misma jornada lanzó un spot que podría ser la de una candidata en plena recorrida, con una canción de Aitana, “Quizás eres mi próximo error”.
Esa misma frase coincidía en el segundo en el que se la mostraba con Javier y Karina Milei, dentro de una sucesión de imágenes donde se la ve mostrándose con una agenda porteña, haciendo recorridas como si se tratara de un año electoral. Todo el tiempo en la delgada línea de la ambigüedad. Típico de una política de pura raza, lejos de los postulados “libertarios” de que eso se trataría de maniobra clás
A esto le siguieron otros movimientos subterráneos, como el de su reacción con emoji de sorpresa en las redes sociales, cuando el diputado de su espacio Damian Arabia publicó una foto con la leyenda “Se vienen cositas”, en la que también se ve a la también legisladora Sabrina Ajchmet.
Esta deriva de Bullrich también incluye su viaje a Chile en la que poco tuvo que ver su actual rol de senadora, sino que la agenda anti “crimen organizado” la tuvo más cerca de un carácter de virtual jefa de Estado. Todo suma.
A pesar de todo esto, todas las especulaciones apuntan a que Bullrich no está dispuesta a romper con los Milei en estos momentos. Sus últimas recorridas por Villa Lugano en compañía de la legisladora y delegada por Karina para el territorio porteño Pilar Ramírez, muestran que no hay un distanciamiento total, aunque sí hubo tiempo para un video propio, en que contrasta con Milei por su “cercanía” con los vecinos.
Bullrich tiene en el abanico de posibilidades de un próximo futuro político una virtual candidatura contra el PRO en la Ciudad de Buenos Aires, y es por eso que refuerza su imagen en el distrito, buscando minar la base electoral de Jorge Macri, sabiendo que el desbarranco de Adorni le allana el camino para competir allí en 2027. Su colchón de votos el año pasado, donde uno de cada dos que fueron a votar lo hicieron por ella, en la categoría para senadora, son una carta de peso enorme.
Los posteos de la exmontonera alusivos a esta recorrida porteña fueron casi al mismo tiempo que la reunión de ministros en la Casa Rosada, a la que asistió la propia Bullrich.
En ese encuentro, y de acuerdo a las crónicas y rumores que circularon, Javier Milei remarcó a los gritos que es él quien toma las decisiones en el Gobierno y mantiene su apoyo hacia su jefe de Gabinete. A diferencia de Bullrich, otros funcionarios que aun integran el Gabinete no opinan a viva voz, y discrepan por lo bajo.
Lejos de las aspiraciones porteñas, el Plan B del Círculo Rojo (con la “B” de Bullrich) en un hipotético escenario de un Milei que no pueda competir por un segundo mandato, es que la actual senadora sea la principal palanca para sostener este modelo de transferencia de ingresos en favor de los grandes actores nacionales e internacionales.
No es descabellado. Tiene la venia de empresarios bastardeados por el Presidente, como Paolo Rocca y Héctor Magnetto, volvió a acercarse a Macri, tiene excelente sintonía con la embajada estadounidense, con la DAIA, con gran parte de los despachos de Comodoro Py, y buen canal de diálogo con el campo.
Solo es cuestión de tiempo ver esa traducción en su marco de alianzas desde un sector de la política que incluyen a aliados de Milei entre los gobernadores que cada vez más ven de reojo la deriva “libertaria”.
Patricia condensa el sueño del establishment: el de la continuidad con cambios.
Fuente: Diagonales







