Once años pasaron de ese 3 de junio de 2015 en el que millones de mujeres de todo el país salieron a la calle a decir ¡Basta!. Ese día la movilización estuvo impulsada por la bronca y la impotencia frente a la violencia machista que se había expresado -una vez más- en su manera más cruenta: el femicidio. En ese momento el crimen de Chiara Páez, una adolescente de 14 años asesinada por su novio en la ciudad santafesina de Rufino, fue el que provocó el estallido de un grito colectivo: ¡Ni Una Menos!. Sin embargo, once años después, el asesinato de otra niña de 14 años, Agostina Vega, en la provincia de Córdoba deja al desnudo una triste y cruel realidad: el derecho a la vida y el derecho a una vida sin violencias sigue siendo una deuda de la sociedad y la democracia para con las mujeres y las diversidades.
El Observatorio de Femicidios en Argentina «Adriana Marisel Zambrano» de la Casa del Encuentro detalló que desde ese 3 de junio de 2015 hasta el 27 de mayo de este año, se registraron 3424 víctimas por violencia de género: 3073 femicidios y femicidios vinculados de mujeres y niñas; 4 lesbicidios, 78 trans/travesticidios y 269 femicidios vinculados de varones adultos y niños.
Estos números arrojan que en Argentina, hay una víctima letal de violencia de género cada 31 horas. Sin embargo, para el Gobierno nacional de Javier Milei el femicidio no existe y es apenas un concepto inventado por «la ideología de género».
La violencia hacia las mujeres, niñas, adolescentes y disidencias no es un fenómeno nuevo. Tampoco la reacción conservadora ante el avance del feminismo; un movimiento que parte de una noción que aún en el siglo XXI parece radical para muchos: la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.
El feminismo tiene décadas de historia, en Argentina y en el mundo. Sin embargo, en la última década tuvo un fuerte avance que parecía haber generado debates realmente profundos en una sociedad construida sobre la base de un sistema machista y patriarcal. O al menos eso creíamos.
Once años después del primer Ni Una Menos, el principal reclamo del movimiento feminista sigue siendo el mismo: «Basta de matarnos». Once años después (perdón por la reiteración, pero es la indignación) las mujeres y las disidencias seguimos peleando por el derecho básico a la vida, sin poder avanzar en otros debates como el techo de cristal, la desigualdad salarial y la feminización de la pobreza, por nombrar apenas algunos ejemplos de otras deudas pendientes de la democracia. Pero, no. En cambio, todavía tenemos que salir a la calle para gritar que nuestras vidas también valen en un contexto en el que desde el propio Estado nacional se niega la desigualdad y la violencia de género.

EL CINISMO COMO POLÍTICA DE ESTADO
En la semana previa a un nuevo 3 de junio, Agostina Vega fue asesinada en Córdoba, Dulce Candia (17) en El Dorado, Misiones, y Noelia Carolina Romero (30) en Temperley, provincia de Buenos Aires. No son casos aislados, no son un problema exclusivo de una jurisdicción sino que son la expresión más cruenta de una violencia arraigada en la sociedad y que exponen a un Estado que una y otra vez demuestra no estar a la altura de las circunstancias.
Tres femicidios en menos de una semana y la única vez que el presidente Javier Milei se refirió al asunto fue a través de redes sociales para compartir una publicación de la Oficina de Respuesta Oficial que aseguraba que en su gestión bajaron «los homicidios de mujeres» (recuerden que en la gestión libertaria está prohibido hablar de femicidios).
Sin embargo, es fundamental tener presente algunas cuestiones para comprender los motivos por los que la cifra de femicidios es menor a la relevada por la sociedad civil. En primer lugar, cabe destacar que el informe de la Corte contabiliza las causas judiciales iniciadas durante ese año; eso significa que aquellos femicidios y femicidios vinculados que no fueron investigados judicialmente quedan excluidos.
El comunicado oficial señala que, según los datos del Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina, los femicidios cayeron un 12,3% en 2025 respecto del año anterior «acumulando una baja del 20% desde que asumió este Gobierno en diciembre de 2023».
Ahora bien, desde la Casa del Encuentro resaltaron que para el relevamiento el organismo nacional «contabiliza aquellas causas judiciales en las que se investigan hechos tipificados por el art. 80 del Código Penal pero no se contabilizan los femicidios en contexto de narcotráfico como sí lo hace nuestro Observatorio».
«Cuando las causas judiciales no están tipificadas por el artículo 80 agravado (incisos 1, 4, 11 o 12) queda a discreción de la Corte qué causas son contabilizadas o no, por lo que puede ocurrir que, si durante la investigación se omitió valorar el contexto de violencia de género o si aplicaron las leyes locales de violencia familiar, para el Observatorio de la Corte no se considera femicidio. En suma, muchos de los femicidios que relevamos a diario no están considerados en el informe de la Corte», indicaron.
A partir de ello, la conclusión de un Gobierno que optó por desfinanciar y eliminar las políticas de género y de prevención de violencia hacia las mujeres y disidencias es que el descenso de los femicidios «es fruto de las políticas de seguridad implementadas por el Presidente Javier Milei, que han demostrado ser efectivas para proteger a la población».
Para la administración libertaria, las cifras demuestran un «avance» que se logró «sin la necesidad de un Ministerio de la Mujer ni del millonario gasto en inútiles políticas de género que, en gobiernos anteriores, solo contribuyeron a empeorar los índices».
Sin embargo, el comunicado del Ejecutivo nacional omite mencionar que el descenso de los femicidios se explica por una disminución de casos en algunas jurisdicciones, principalmente en la provincia de Buenos Aires donde, a pesar de la asfixia financiera, se mantienen políticas públicas de prevención e intervención estatal frente a casos de violencia de género.
A nivel nacional, las víctimas de femicidio pasaron de 228 en 2024 a 200 en 2025. En el territorio bonaerense, los femicidios disminuyeron de 98 en 2024 a 78 en 2025. En otras palabras, de los 28 casos menos que se registraron en todo el país, 20 corresponden a la provincia de Buenos Aires.

Tal vez entonces no sea descabellado pensar que la disminución de los femicidios en el país no es el resultado de una política negacionista de la violencia de género y el desfinanciamiento de políticas específicas para erradicarla. En 2021 también hubo una baja de femicidios a nivel nacional (251 a 231) muy asociada a la caída de casos en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, al año siguiente aumentaron nuevamente.
Este año, desde el 1 de enero al 30 de mayo, el observatorio de la Casa del Encuentro registró 104 víctimas de la violencia machista: 90 femicidios y femicidios vinculados de mujeres y niñas, 5 transfemicidios, 9 femicidios vinculados de varones adultos y niños y 233 tentativas de femicidios.
La realidad muestra entonces que la violencia de género es un problema grave que requiere medidas urgentes, sostenidas en el tiempo y que una pequeña variación de un año a otro no es motivo de festejo, menos aún después de contabilizar tres femicidios en menos de una semana. Celebrar el descenso de casos con un posteo en redes sociales después de que se encuentra el cuerpo de una niña de 14 en un descampado, es cuanto menos cínico.
El Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven, junto a la Universidad Nacional del Delta, publicó un informe basado en los femicidios registrados durante los últimos once años que revela que las mujeres son mayormente asesinadas en sus casas (78% a nivel nacional); por sus parejas, ex o vínculos sexoafectivos (59%) o personas conocidas (36%); y que la mayoría de las víctimas no denuncia (sólo 18% de las mujeres asesinadas lo hizo en 2025).
La violencia no empieza con el femicidio y es el deber del Estado llegar antes de un desenlace fatal, porque el femicidio puede prevenirse pero para ello es necesaria una presencia integral del Estado con acciones y políticas concretas desde todos sus poderes.
Por el contrario, el Gobierno de Javier Milei optó por el ajuste, el desfinanciamiento y hasta por fomentar los discursos de violencia hacia las mujeres y las disidencias desde el mismísimo Estado. Y aún no se dan cuenta, pero allí está uno de sus más graves errores: subestimar a un colectivo que está harto y enojado.
Este 3 de junio las mujeres volvemos a salir a la calle, porque nunca nos fuimos y porque, como dijo una gran luchadora argentina, «por más que no les guste, estamos».
Fuente: Diagonales







