El peronismo no consigue hacerse eje de la oposición y no capitaliza políticamente el clima social de desesperanza creciente. Desde el incipiente intento de liderazgo de Kicillof hasta la prueba de fuego para la CGT y el movimiento obrero. Semanas que marcarán el futuro.
La discusión por la reforma laboral de Milei se recalentó este miércoles con una fuertísima noticia surgida de las entrañas de la crisis de la economía real. La histórica fábrica de neumáticos FATE, propiedad de Madanes Quintanilla, anunció que cerrará definitivamente su planta de San Fernando tras 80 años de funcionamiento. A raíz de esto, 920 trabajadores pasarán a engrosar la interminable lista de despidos en el sector privado registrado, que desde que asumió Milei ya perdió casi 300.000 empleos.
El cierre de FATE, más allá de la especulación económica de sus dueños, es resultado de un modelo económico que busca una Argentina primarizada, de exportación de materias primas y sin un entramado industrial fuerte. La contracción del mercado interno producto de la crisis de ingresos, sumada a la apertura indiscriminada de importaciones que inundó el mercado de cubiertas chinas llevó a que la reducción de personal en FATE, que antes del cambio de gobierno empleaba a más de 2000 personas, decante en un cierre definitivo. No es el único caso en una Argentina que ya perdió casi 22.000 empresas bajo la gestión económica de Milei y Caputo, pero sí se trata tal vez del primer gigante industrial que baja sus persianas producto de la crisis.
Todo esto sucede en medio del debate por el mundo del trabajo en el país, la “modernización” que propone el mismo Gobierno que destruye empresas y puestos de trabajo, y la falta de reflejos y de mano pesada de los sectores que se oponen a ello para conseguir resultados concretos. Fundamentalmente el peronismo.

La votación en el Senado de la reforma laboral contó con votos peronistas provenientes de las provincias con gobernadores que tienen algún nivel de alianza con Milei. Pero también pasó sin una marcada resistencia por parte del movimiento obrero organizado, particularmente de la CGT, principal central obrera del país, que apenas movilizó el miércoles pasado al Congreso y no mostró músculo suficiente para hacerle ni cosquillas al proyecto oficialista. Eso sí, la negociación con el Gobierno evitó que se mantengan las cuotas solidarias y evitó que se bajen las contribuciones patronales a las obras sociales que maneja el sindicalismo. Se podrán perder derechos, pero la caja no se toca.
En esa fragmentación se mueve un peronismo desarticulado, que no consigue hacerse eje de oposición y capitalizar políticamente los impactos de la crisis y las medidas regresivas del Gobierno. Hay intentos, sin embargo, que aún caminan en pañales.

Axel Kicillof asoma como el liderazgo más claro para organizar un peronismo raquítico a nivel nacional e incluso trascender sus fronteras en el armado de una alternativa a Milei. El gobernador bonaerense viene siendo el eje de una articulación con otros mandatarios provinciales del peronismo que plantean una oposición directa a Milei. Este miércoles, Kicillof, Insfrán, Ziliotto, Melella, Zamora y Quintela publicaron un comunicado en contra de la reforma y a favor de una verdadera “modernización” que impulse el “federalismo y el desarrollo”.
El comunicado reconoce la necesidad de una actualización de la normativa que rige el mundo del trabajo, pero desglosa argumentos en contra de la reforma concreta que plantea el oficialismo, y que para estos mandatarios provinciales “se trata de una reforma profundamente antifederal. Sus efectos impactarán de manera directa sobre las ya golpeadas economías regionales y las provincias productivas”.
El perfil federal es una construcción que Kicillof viene encarando desde su primer mandato en la PBA. Sus colaboraciones con distintas provincias y gobernadores antes crisis de seguridad, salud o ambientales fueron siempre acompañadas de un discurso en pos del trabajo conjunto entre las provincias. Ya con Milei en el gobierno, la postura es articular los estados provinciales allí donde el Gobierno nacional deserta de sus responsabilidades. Sin embargo, esa pulseada de Kicillof aún no consiguió inclinar las voluntades de algunos gobernadores clave a la hora de apoyar o rechazar las medidas de Milei.
El ejemplo de la reforma laboral es elocuente. El oficialismo llegó casi a los dos tercios en el Senado, con votos peronistas de Tucumán, Salta, Córdoba y Catamarca, entre otras provincias. La inclusión por la ventana del artículo 44, en el que se limitaba el cobro del salario por licencias por enfermedad y que ahora todos dicen rechazar, generó el ruido suficiente para que la reforma vuelva a estar en discusión. Nuevamente, los jueces de la partida son los bloques que responden a gobernadores que podrían enfrentar a Milei y sin embargo lo impulsan.
Este miércoles la reforma debe discutirse en comisión en Diputados. El debate se dará en medio de la toma de la fábrica de FATE por parte de sus trabajadores luego del anuncio de cierre. El escenario no podría ser más propicio para que el peronismo empuje a los sectores que juegan en el medio a ponerle más trabas al proyecto del Gobierno. En lo concreto, se podría vetar la creación del FAL, con el cual el nuevo proyecto desfinancia a la ANSES para beneficiar a los empleadores, se podrían rediscutir la reducción de las indemnizaciones y muchos otros aspectos altamente regresivos para los trabajadores que tiene el proyecto que aprobó el Senado.
El oficialismo necesita 24 diputados prestados para lograr el quórum y la aprobación de la ley este jueves. Si Provincias Unidas o los bloques de los gobernadores del NOA se plantan, Milei y Bullrich deberán esperar y negociar más puntos para sacar su reforma. Será un indicador interesante para ver qué capacidad y qué voluntad existe de la conformación de una oposición sólida que impida que el Gobierno avance sin resistencias. Y el peronismo tiene un papel central en ese desafío.

En la misma medida el desafío se traslada del palacio a la calle. La CGT anunció el miércoles un paro general con cese total de actividades pero sin movilización para el día en que se trate el proyecto de ley en Diputados. La medida tiene sabor a poco luego de la flaca movilización de la semana pasada, que no logró ningún impacto político y volvió a dejar un brutal saldo represivo cuando las principales columnas obreras se habían retirado. Este será el cuarto paro en lo que va del Gobierno de Milei, y en el oficialismo consideran incluso que la medida refuerza sus posiciones a la vez que expone la falta de fuerza de la CGT.
La encerrona es compleja. La CGT necesita mostrar un poder de fuego en la calle que hoy no queda claro que tenga. Algo que afecta en general al peronismo y las fuerzas populares. El descontento frente a Milei no se traduce en las nutridas y potentes movilizaciones con las que, por ejemplo, se enfrentó al macrismo. La sensación de derrota inevitable frente a un Gobierno que avanza sin piedad por nada ni nadie parece haberse instalado en buena parte de la base social y la dirigencia opositora a Milei.
Discutir si es de arriba hacia abajo o al revés es caer en el cuento del huevo o la gallina. El peronismo necesita activar una resistencia sólida tanto en el palacio como en la calle. Sin una dirigencia convocante y creativa difícilmente la sociedad salga masivamente a luchar por sus derechos en un clima represivo como el que impera. A la vez, sin la calle empujando, en el palacio predominarán los acuerdos conservadores entre sectores y el gran ganador seguirá siendo el Gobierno.
Los cierres de empresas y los despidos ponen en primera plana el nivel de crisis que atraviesa la economía real, al mismo tiempo que el Gobierno no tiene pelos en la lengua para decirle sin vueltas a los trabajadores por qué tienen que tener menos derechos para que el país funcione mejor. El escenario político está dado para que empiece a surgir una alternativa que enfrente con creatividad política los efectos devastadores del gobierno libertario. Pero eso aún habrá que verlo en la cancha.
Fuente: Diagonales







