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El Reino Unido reafirmó su soberanía sobre las Malvinas y advirtió que será «implacable»

Andy Burnham prometió defender la soberanía británica tras las declaraciones de Javier Milei y la posición ambigua de Donald Trump sobre el conflicto

El primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, afirmó este miércoles que su Gobierno será «implacable» en la defensa de la soberanía británica sobre las Islas Malvinas, en una nueva escalada verbal con Argentina que se produce después de las últimas declaraciones de Javier Milei y de la posición ambigua expresada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Burnham se pronunció ante la Cámara de los Comunes durante una sesión de preguntas parlamentarias, en respuesta a la líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch. Fue su primera intervención pública específica sobre la cuestión desde que Trump planteó la posibilidad de revisar la tradicional postura estadounidense sobre el conflicto y Milei anunció nuevas sanciones contra empresas vinculadas con la explotación de recursos naturales en las islas.

El jefe del Gobierno británico sostuvo que Londres mantendrá la posición histórica de los distintos gobiernos del Reino Unido, tanto laboristas como conservadores, respecto de la soberanía del archipiélago.

«Siempre respetaremos los derechos de los habitantes de las Malvinas que decidieron ser británicos», afirmó Burnham, en referencia al referéndum celebrado en las islas en 2013. Luego agregó: «Esto nunca cambiará con este Gobierno, y vamos a ser implacables a la hora de defenderlo».

La declaración se produjo después de que Badenoch advirtiera durante la misma sesión que «no es ningún misterio que Argentina está ahora amenazando a las Malvinas» y reclamara una posición firme frente al reclamo argentino. Burnham, sin embargo, no mencionó directamente a Milei ni a la Argentina en su respuesta.

Por qué el Reino Unido rechaza negociar la soberanía de las Malvinas

La posición británica se basa principalmente en el principio de autodeterminación de los habitantes de las islas. En el referéndum realizado en marzo de 2013, 1.513 personas, equivalentes al 99,8% de los votos, optaron por mantener a las Malvinas como territorio británico de ultramar. La participación fue del 92% del padrón habilitado.

Desde entonces, el resultado es utilizado por Londres como uno de los principales argumentos para rechazar una negociación sobre la soberanía, ya que el Gobierno británico sostiene que no habrá conversaciones sobre el estatus de las islas mientras sus habitantes no decidan modificar su posición.

Argentina, en cambio, sostiene que el principio de autodeterminación no resulta aplicable a la disputa de soberanía y mantiene su reclamo sobre el archipiélago, ocupado por el Reino Unido desde 1833. La cuestión está incorporada a la Constitución Nacional, que establece que la recuperación del ejercicio efectivo de la soberanía sobre las Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes constituye un objetivo permanente e irrenunciable del Estado argentino.

El conflicto derivó en la guerra de 1982, cuando tropas argentinas ocuparon las islas y el Reino Unido respondió con una operación militar que terminó con la recuperación británica del control del territorio. El enfrentamiento dejó 649 militares argentinos, 255 británicos y tres isleños muertos.

La nueva tensión entre Milei, Londres y Washington que enciende la disputa

La disputa volvió a ocupar un lugar central en la agenda diplomática durante los últimos días a partir de una serie de declaraciones de Milei, Trump y funcionarios británicos.

El presidente argentino afirmó que «corren vientos favorables» para el reclamo de soberanía argentino después de que Trump sugiriera que Estados Unidos podría revisar su posición histórica respecto de las Malvinas. Hasta ahora, Washington ha mantenido una postura de neutralidad frente a la disputa de soberanía, aunque reconoce la administración británica efectiva del archipiélago.

Trump dijo que su Gobierno revisa sus posiciones sobre distintos asuntos y evitó comprometerse públicamente a respaldar al Reino Unido ante un eventual conflicto por las islas. Sus declaraciones generaron preocupación en Londres y fueron interpretadas como un posible cambio respecto de la política estadounidense mantenida durante décadas.

El Gobierno de Milei aprovechó esas declaraciones para profundizar su estrategia sobre las Malvinas. El Presidente anunció sanciones contra empresas que participen en proyectos de explotación de recursos naturales en las islas sin autorización argentina y anticipó medidas legislativas para ampliar las penalidades.

El principal foco de la disputa está actualmente relacionado con la explotación petrolera en aguas próximas al archipiélago. El proyecto Sea Lion, impulsado por la británica Rockhopper Exploration y la israelí Navitas Petroleum, prevé avanzar con actividades de exploración y producción en el área norte de las islas. Argentina considera que esas operaciones constituyen una explotación ilegítima de recursos naturales en un territorio cuya soberanía reclama.

Milei también anunció recursos adicionales para fortalecer la presencia argentina en Tierra del Fuego, incluida la construcción de una base naval, dentro de una estrategia más amplia vinculada con la defensa y la presencia argentina en el Atlántico Sur.

Londres busca mantener abierto el vínculo con Argentina pese a la escalada

Mientras Burnham utilizó un tono firme respecto de la soberanía, otros funcionarios británicos procuraron mantener una señal de cooperación bilateral.

La secretaria de Estado para el Desarrollo Internacional, Kirsty McNeill, había señalado ante el Parlamento que el Reino Unido pretende mantener una relación «moderna y constructiva» con Argentina en diferentes áreas de interés común.

El mensaje refleja la posición británica de sostener su reclamo sobre las islas y, al mismo tiempo, preservar canales de diálogo con el Gobierno argentino en cuestiones que no estén directamente vinculadas con la soberanía.

La disputa atraviesa así una nueva etapa de tensión, con tres elementos que se superponen: el reclamo histórico argentino, la defensa británica del principio de autodeterminación de los habitantes de las islas y la posibilidad de que Estados Unidos modifique o revise su tradicional posición sobre el conflicto.

Por el momento, Londres mantiene su postura de que la soberanía sobre las Malvinas no está sujeta a negociación y que cualquier decisión sobre el futuro de las islas debe contemplar la voluntad de sus habitantes. Argentina, por su parte, sostiene que la cuestión debe resolverse mediante negociaciones bilaterales sobre soberanía y volvió a incorporar el conflicto al centro de su política exterior a partir de las medidas anunciadas por Milei.

Fuente: IP

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