El Gobierno nacional obtuvo un rotundo triunfo político con la aprobación de la reforma laboral en la Cámara de Diputados. Además de la votación en sí, el mensaje hacia todo el sistema fue clarísimo: las incipientes oposiciones provinciales se acabaron (al menos por ahora), el Gobierno volvió a someter a buena parte de los gobernadores, y la principal fuerza de oposición con capacidad de construir una alternativa expuso todas sus fracturas y diferencias, mostrando a las claras su impotencia actual para frenar a Milei. Con el peronismo así de partido y enfrentado, con sectores jugando abiertamente para Milei y el resto revoleando sillazos y acusaciones de traición, la pregunta inevitable es: ¿hay 2027?
La principal apuesta de la oposición ante la sesión del jueves era que el oficialismo no lograra el quórum. Estirar al menos una semana la discusión hubiera permitido intentar bajar algunos de los artículos más polémicos, como el FAL o la reducción de las indemnizaciones. Pero una serie de gobernadores, algunos de ellos directamente peronistas y otros ex aliados del gobierno de Alberto Fernández, mandaron a sus diputados a sentarse para que el oficialismo llegara sin problemas a juntar el quórum. A partir de ese momento quedó claro que la reforma pasaría por un tubo y sin modificaciones más que la quita del artículo 44 que modificaba las licencias por enfermedad. Triunfo total de La Libertad Avanza.
Diputados de Tucumán, Catamarca, Salta, Misiones y Santa Cruz fueron la clave para ese quórum. En muchos casos, esos legisladores entraron al Congreso con la boleta de Unión por la Patria en 2023 o por las campañas que sus gobernadores hicieron el año pasado con fuertes críticas a Milei y el Gobierno nacional. Esto desató el escarnio público al interior del peronismo, con señalamientos y acusaciones de traición tanto para los diputados como para sus jefes políticos en las provincias.

Osvaldo Jaldo llevó a un peronismo unido a un triunfo contundente el año pasado con más del 50% de los votos tucumanos contra la propuesta de LLA. En campaña vociferaba que le iba a “cortar la peluca al león” en su provincia, y dejó por escrito en redes que se opondría a cualquier reforma laboral, entre otras cosas. Gustavo Sáenz fue en poncho hasta la puerta de la Casa Rosada el año pasado a reclamar ante las cámara de TV por las obras que el Gobierno tiene paradas en Salta. Raul Jalil fue uno de los principales impulsores de la candidatura de Sergio Massa en 2023, postulación para la que también jugaron los misioneros del Frente Renovador para la Concordia. Párrafo aparte para Claudio Vidal, ex secretario general de los petroleros de Santa Cruz, que llegó a gobernador por su rol de defensa de los trabajadores y el jueves mandó a su diputados a dar quórum y votar la reforma más anti obrera desde la dictadura para acá.
¿Qué debe hacer el peronismo frente a estos gobernadores, que apoyaron a Milei en instancias clave como la Ley Bases o esta reforma laboral? En pleno proceso de recomposición y de proyección de una alternativa político electoral para 2027, esta es una pregunta caliente y que parte aguas en el peronismo. Mientras, el Gobierno nacional se acerca a su sueño mojado de partir definitivamente al peronismo para comerse parte de sus sectores y conformar un oficialismo estable que le permita avanzar sin obstáculos en su propia carrera hacia la reelección. En un escenario híper polarizado, lo que no vaya hacia un lado irá hacia el otro, y allí radica la encerrona para una estrategia de purificación peronista, que podría terminar empujando a actores de peso a los brazos de Milei.
El gobernador bonaerense Axel Kicillof encara una estrategia de diálogos intentando no quemar puentes con nadie. En su esquema político se muestran comprensivos con los mandatarios provinciales que tienen que garantizar sus gestiones locales y dependen para ello de recursos nacionales. Es un problema que el propio Kicillof tiene en la PBA, a la que la Nación le adeuda 13 billones de pesos, que se traducen en conflictos como el paro de docentes recientemente anunciado que podría terminar en que por primera vez en seis años de gestión el gobernador no logre garantizar el inicio de clases.
Kicillof logró alinear un bloque de gobernadores que firmó un duro comunicado contra la reforma y planteó lo que sería una alternativa peronista, con ejes puestos en el federalismo y la defensa del trabajo y la producción nacional. En ese bloque juegan Gildo Insfrán (Formosa), Gustavo Melella (Tierra del Fuego), Ricardo Quintela (La Rioja), Sergio Ziliotto (La Pampa), Gerardo Zamora (Santiago del Estero) y el propio Kicillof. Es un armado incipiente y por ahora sin mucha fuerza para incidir en la agenda nacional, pero traza un camino hacia adelante. Las relaciones con otras provincias a las que la PBA asiste en distintas emergencias desde el primer mandato de Kicillof son otras apuestas, a la espera de que la crisis económica empuje cada vez más a otros gobernadores a posiciones de fuerte oposición a Milei. En qué se conforme primero y con más solidez, si una oposición robusta y con propuestas o un oficialismo que se coma parte del peronismo, estará buena parte del destino electoral de 2027.
El kirchnerismo, por su parte, se dedicó a señalar traiciones con una fuerte campaña en redes y en los discursos de sus diputados durante la sesión. No zafó ni el MDF de Kicillof, a quien le achacaron cierto vínculo con el diputado misionero Alberto Arrúa, uno de los firmantes del pedido de sesión especial para que se aprobara la reforma. Los sillazos siguen volando al interior del peronismo, y la tropa cristinista aprovechó la jornada del jueves para resaltar su purismo en el compromiso con los trabajadores y recordar los años de Néstor y CFK en los que se crearon millones de puestos de trabajo con la legislación que hoy el Gobierno está a un paso de voltear. Cerca de la Plaza de los dos Congresos, donde algunos sindicatos, organizaciones políticas y ciudadanos de a pie reclamaban contra la reforma, el cristinismo saludaba a CFK en las puertas de San José 1111 por su cumpleaños.
Máximo Kirchner recordó en su discurso su renuncia a la titularidad del bloque del FdT por el acuerdo con el FMI, y linkeó aquella actitud con el rechazo a esta reforma anticipando los efectos negativos que tendrá hacia adelante. Mayra Mendoza tuiteó que CFK es “la única que demostró que les gana y que se puede gobernar defendiendo a las mayorías”. Son botones de muestra de un kirchnerismo que planta bandera en cada debate, dejando en claro que está lejos de retirarse de la disputa por lo que tiene que ser el nuevo peronismo que surja de las cenizas y el desconcierto en el que hoy está sumido. Con la presidencia del PJ en poder de CFK, ya suenan pedidos de expulsión del partido para dirigentes colaboracionistas de Milei en las provincias. En cómo se tramiten esas tensiones también habrá que encontrar la reconversión posible del peronismo pensando en el próximo año electoral.
Las acusaciones volaron también hacia la CGT, principal instrumento del movimiento obrero organizado, por su respuesta un tanto tibia y raquítica a una avanzada histórica sobre los derechos de los laburantes. La convocatoria a un paro sin movilización tuvo sabor a poco, tal como la semana anterior había sucedido con la flaca movilización de la central al Congreso cuando la reforma se aprobó en el Senado. En la plaza, la CGT era señalada con igual bronca que los legisladores que entraron por la oposición y terminaron apoyando la reforma.
Representantes del Triunvirato se sumaron a criticar a los gobernadores del peronismo que garantizaron la votación, y ahora habrá que ver qué hará la central frente a la nueva jornada que la reforma debe atravesar en el Senado para quedar definitivamente aprobada. La cita será el próximo viernes. ¿Habrá nuevo paro? ¿Movilizará esta vez con fuerza la CGT? Por ahora, lo único concreto que surge de la central es que podrían judicializar la reforma una vez aprobada. Si esto es así y la CGT logra un amparo general y no por rama, la implementación de la reforma quedaría sin efecto hasta tanto la justicia, eventualmente la Corte, definan sobre su constitucionalidad. De fondo, el problema principal sigue siendo la falta de una estrategia unificada que vaya a fondo para intentar encauzar la bronca creciente entre los trabajadores contra Milei por los efectos de su plan económico. Y es un problema eminentemente político.
El debate por la reforma laboral dejó expuesta la fragmentación y la dispersión interna que tiene hoy el peronismo. Sin liderazgos definidos, con cada sector siguiendo una estrategia propia y sin confianza en poder torcerle el brazo al gobierno de Milei, el peronismo camina a tientas en un año decisivo para la posibilidad de construir una alternativa que pueda ganar las elecciones en 2027. Por ahora eso parece muy lejos, y Milei avanza sobre las cenizas del peronismo que fue y las indefiniciones de lo que pueda ser. Pero todavía falta mucho.
Fuente: Diagonales







