Bajo el axioma de la “no agresión por parte del Estado”, el ideólogo libertario estadounidense Walter Block realiza una serie de justificaciones que tienen eco en la primera plana del gobierno nacional “libertario”. El regalo del Presidente a sus funcionarios por la Navidad y sus pasajes más polémicos.
Muy sonriente y con su mameluco de YPF, Javier Milei juntó a su Gabinete a comer un asado antes de la Nochebuena en la Quinta de Olivos. De la foto difundida por la Casa Rosada se los puede ver sonrientes a toda la primera línea del Gobierno con un libro “promovido” por el Presidente.
Se trata de “Defendiendo lo Indefendible”. En esta publicación, el estadounidense libertario Walter Block sintetiza el prisma de su pensamiento, que funciona como “paraguas” para las justificaciones de algunos de los temas sociales más controvertidos.
En el núcleo de su razonamiento está la propiedad privada y la pregunta sobre cuándo se habilita la utilización de la violencia o la amenaza de su uso. Plantea que esta última se justifica cuando es “en defensa de, o en represalia contra el uso previo de violencia contra una persona o su propiedad legítima”.
“El libertarismo es un aspecto de la filosofía política, separado y distinto de la ética. No trata de qué está bien o mal, qué es moral o qué es inmoral, sino que se limita a tratar la justificación o no del uso de la fuerza”, sostiene en la introducción.
El estadounidense se mantiene a favor de los “actos voluntarios” de los individuos. Algunos fragmentos extreman las posturas del mentor de Javier Milei y, por ejemplo, ahondan en temas como la música.
“Se suele decir que el jazz es la única música libertaria, mientras que el barroco, por ejemplo, no. ¿Por qué? Porque en el primer caso, con unas limitaciones muy amplias, el músico es libre de tocar lo que le apetezca, mientras que en el segundo caso no hay posibilidad de improvisación: cada miembro de la orquesta debe interpretar exactamente lo que aparece en la partitura. Y no solo eso, sino que todas las cuerdas deben ser frotadas al unísono. En el caso de los intérpretes de viento, todos deben respirar exactamente cuando el director lo permita. Difícilmente puede haber algo más intrusivo que el que te digan cuándo inhalar o exhalar. Ni siquiera los esclavistas llegan a tales extremos”.
En el preludio a los casos particulares que analiza en su libro, Block ya plantea un punto de distancia entre el “ser libertario” y las responsabilidades morales y éticas de su accionar.
“Vivir el libertarismo», lo que se suele interpretar como que deberíamos ser buenos, caritativos, tolerantes, y poseer virtudes del estilo. Pese a que por supuesto no existe incompatibilidad alguna entre el libertarismo por un lado, y estas características por otro, tampoco existe, del mismo modo, necesidad de que los libertarios las adopten”. Todo un preámbulo de lo que vendrá.
En el corazón de su pensamiento económico, está explícita la crítica a las barreras arancelarias que el socio de Milei, el norteamericano Donald Trump, impuso en su primer año del segundo mandato del republicano en la Casa Blanca.
De hecho, la multinacional cadena de supermercados estadounidense Costco Wholesale avanza en la justicia contra el gobierno de Trump para obtener un reembolso total por la política arancelaria de la Casa Blanca.
Para Block, “Estados Unidos es percibida como una nación más intervencionista, y, por tanto, menos interesante para la inversión extranjera”.
El mentado autor idolatrado por Milei se refirió a la empresa petrolera británica British Petroleum (BP), y la explosión de sus instalaciones Deepwater Horizon en abril de 2010 que provocaron la muerte de once empleados, soltando más de 750 millones de litros de petróleo en el Golfo de México.
Justificó que la empresa debió poner su base en una plataforma petrolífera alejada de alta mar y en aguas profundas por una alianza de “ecologistas y políticos de izquierda”.
Para Block, a los familiares de los fallecidos no les correspondería ninguna indemnización: “No según la ley libertaria, desde luego, pues esos desafortunados trabajadores asumieron la responsabilidad de lo que hacían”.

EL “ORIGEN DE TODOS LOS MALES”
Este primer apartado económico del libro llega hasta el alma de las acusaciones libertarias: los sindicatos que, en palabras de Block, son “el verdugo de la empresa”, que actúan por “coacción” y “amenazas”.
Con estas dos acciones, el autor compara el papel de los sindicatos con él un director de una orquesta musical que “obliga” a los músicos bajo una tutela jerárquica, con el pésimo ejemplo de una victima de violación que es sometida por su agresor.
Además, hace hincapié en los cambios de la estructura productiva y los nuevos tipos de empleo modernos, y va a fondo en su visión sobre la relación patrón- empleado y los despidos: “Los hombres libres tienen el derecho de renunciar a sus empleos, y también de despedir a sus empleados — sin que exista motivo alguno—. A menos que el contrato especifique lo contrario, el patrón y su empleado deberían poder finalizar su relación en el momento en que lo deseasen, por cualquier motivo, o sin motivo alguno”.
“La estabilidad laboral es limitada, y si algunos de nosotros tenemos más, como los miembros de sindicatos, o trabajadores del sector público, otros tendrán necesariamente menos. Si bien es cierto que se podría aumentar la estabilidad laboral para toda la comunidad, sólo podría llevarse a cabo con una mayor flexibilidad económica y un crecimiento económico retardado”, continuó.
“Si la gente realmente desea una mayor seguridad en mantener sus empleos de un modo que no suponga una amenaza para el resto de la sociedad, que lo paguen por sí mismos: aceptando unos salarios inferiores, O participando en política de seguro que les permita pagar extras por tener el privilegio de asegurarse una continuidad laboral”, expresó.
Para Block, los libertarios deben mantener su rechazo tanto hacia los sindicatos del sector público como hacia el mismo Estado. “Desde una perspectiva libertaria, ambos bandos de esta disputa son ilegítimos. Hay dos fuerzas enfrentadas, ambas equivocadas”.
“Desde un punto de vista estratégico, podríamos incluso apoyar al sindicato frente al gobierno, ya que es el más débil de los dos oponentes, pero desde una perspectiva de principios, deberíamos analizar ambos bandos como todo hombre de bien analizaría una batalla entre latin kings y netas, o entre la Alemania nazi y la Rusia comunista: ¡rechazando a ambos!”, mantuvo.
Fuente: Diagonales







