El presidente agregó u$s50.000 millones a la cobertura anti corridas. Los expertos dicen que eso puede incentivar la compra de dólares y suba de tasas
En solo unas semanas, Javier Milei pasó de decir que tenía una «bazooka de dólares» que llegaba a u$s75.000 millones a afirmar que, en realidad, la suma con la que cuenta para enfrentar una eventual corrida cambiaria es mucho más alta, y llega a u$s125.000 millones.
La obvia intención que la de acallar los rumores sobre crisis financiera y el eventual alejamiento de Toto Caputo del ministerio de Economía. Pero varios economistas y analistas políticos temen que al ostentar su escudo contra la dolarización pre-electoral, Milei corre el riesgo de conseguir el efecto opuesto al buscado.
Lo que están marcando economistas con experiencia en la city es que este tipo de afirmaciones pueden funcionar como una especie de profecía autocumplida: se genera entre los inversores un incentivo para ver qué tan sólida es realmente la posición del gobierno, y se acelera la velocidad de la dolarización.
En el mismo sentido plantean que las menciones al «riesgo kuka» exacerban los temores de los inversores, algo que se está viendo reflejado en el diferencial de tasas entre los bonos en dólares que vencen antes de las elecciones y los que pagan en 2028. Hace pocos meses ese diferencial era de 12% y hoy escaló a 20%.
Otro síntoma del nerviosismo del gobierno fue la insistencia cada vez mayor con la que Toto Caputo salió a hacer alarde de su buena relación con Scott Bessent, el secretario del US Treasury, quien ratificó que seguirá vigente la línea de swap para ayudar a Argentina en caso de una turbulencia cambiaria. El funcionario estadounidense se había referido al tema luego de la primera vuelta de la elección brasileña, cuando destacó la importancia geopolítica que tiene para Estados Unidos la seguidilla de victorias electorales de derecha en la región. Y justificó asistencias financieras como la compra de pesos argentinos realizada en 2025 con el argumento de que la política monetaria es parte de la política de seguridad nacional.
Caputo celebró esas declaraciones, al punto que las considera parte de su propia supervivencia política: el lunes, desde Bangkok, donde asiste a la reunión semestral del Fondo Monetario Internacional, y en medio de las versiones sobre su renuncia, posteó la entrevista a Bessent y la calificó de «masterclass».
Antecedentes inquietantes
Tanto Milei como Caputo hacen hincapié en afirmar que ellos no creen que haya una dolarización masiva en los meses previos a la elección presidencial del año próximo, pero que igualmente se sienten en la obligación de estar preparados como si esa situación fuera a ocurrir.
Es una afirmación que ha generado reacciones escépticas por parte de los economistas, sobre todo si se tiene en cuenta la velocidad a la que ha venido creciendo la compra de dólares por parte de los pequeños ahorristas en los últimos meses. En agosto, los ahorristas compraron u$s2.853 millones -que, si se descuenta el monto de aquellos que vendieron divisas- da un resultado neto de u$s2.463 millones. Es un número elevado, pero que todavía tiene margen para crecer en la medida que la incertidumbre política influya sobre el temor de los ahorristas: si se considera el antecedente de octubre del año pasado, habría margen como para duplicar el actual nivel de compras y sobrepasar los u$s5.000 millones mensuales.
De hecho, uno de los grandes temas de divergencia entre el gobierno y los economistas críticos es qué tan grave puede ser la dolarización. O, dicho en términos más técnicos, cuánto puede caer la demanda de dinero, que el año pasado sufrió un desplome, con casi la mitad de la base monetaria M2 huyendo a refugiarse en el billete verde.
La pulseada por el dólar calmo
En general, se considera que el hecho de que el Banco Central haya comprado dólares para reforzar las reservas es un factor tranquilizador. Pero hay quienes advierten sobre el riesgo de que, en su ánimo por ahuyentar los temores, el gobierno logre el efecto opuesto.
«El sólo anuncio de que el Gobierno está dispuesto a poner toda la artillería sobre la mesa para defender el esquema cambiario en un juego a todo o nada acelera la venta de activos frente a la incertidumbre electoral», apuntó Marina Dal Poggetto, directora de la consultora Eco Go, que puso en duda el cálculo sobre la «bazooka» de Milei y estima que, en realidad, el poder de fuego del gobierno podría ser de sólo u$s50.000 millones.
Además, al mostrar preocupación por una presión alcista contra el dólar, el gobierno deja en evidencia que su mantra de «libre flotación» de la divisa ha perdido vigencia, al punto de mostrar una vocación intervencionista para garantizar la estabilidad cambiaria. De hecho, otra de las fortalezas de las que se jacta Caputo es de la capacidad del BCRA para topear el precio del dólar en el mercado de futuros y de vender bonos dólar linked en el mercado secundario.
Así describió la situación un informe de la consultora Outlier: «El carry en pesos sigue vivo mientras la variabilidad al alza del tipo de cambio nominal se sostenga y esta lo hace porque la actual gestión lo administra, en lo que cada vez se parece más, con algunas salvedades, a un régimen de flotación sucia».
El nerviosismo de los ahorristas
Pero Milei, lejos de atender esas advertencias, redobló la apuesta y subió en u$s50.000 millones el contenido de su «bazooka». En teoría, eso es la sumatoria de contar con un swap con el Tesoro estadounidense por u$s20.000 millones, otro con el Banco Popular de China por el mismo monto, otros u$s20.000 millones de reservas del BCRA, más el equivalente a u$s15.000 millones por la intervención indirecta en el mercado cambiario -futuros y venta de bonos-.
A ese monto inicial se le podría agregar nuevas emisiones de deuda por parte de empresas privadas, más ingresos de divisas por inversión externa directa en el marco del RIGI, además de otras coberturas surgidas de acuerdos internacionales.
Aun con ese número, hay quienes señalan que el gobierno se quedaría corto en el caso de que se concretara un pánico cambiario. Entre los que argumentaron en ese sentido figura un funcionario que sufrió la situación en carne propia, el ex viceministro Gabriel Rubinstein, que afirma que todavía podría hacer falta unos u$s35.000 millones.
«La masa total de pesos que podrían intentar convertirse en dólares supera los u$s120.000 millones equivalentes. No hay que tomar sólola base monetaria. Si todos retiran depósitos de los bancos, llega un punto en el que el BCRA no tiene más remedio que expandir la base (redescuentos, pases, etc.), para evitar que colapsen los bancos», apunta el ex funcionario.
En la misma línea opinó el siempre influyente Miguel Angel Broda, quien estima que si, además del ahorro privado en los bancos se incluye la deuda pública en pesos en manos de inversores privados, el monto potencialmente dolarizable puede superar los u$s180.000 millones.
El fantasma de las tasas sin control
Pero en el mercado hay otras advertencias acaso más inquietantes: hay ejecutivos de bancos que creen que, además de mostrar que hay dólares disponibles, lo que el gobierno deberá hacer inexorablemente para evitar una corrida es avalar una fuerte suba de las tasas de interés en pesos.
Es más, la opinión de los expertos es que cuanto más insista el gobierno respecto de su determinación a defender el tipo de cambio, mayor será la presión sobre las tasas. Y, de hecho, durante la campaña electoral del año pasado, aun con una dolarización masiva y con un aumento en el nivel de encajes para los bancos, se produjo una abrupta suba en las tasas, que derivó en el actual estancamiento crediticio y crisis de morosidad.
De hecho, esa situación ya le está trayendo problemas al gobierno: en las licitaciones del Tesoro, Caputo ha debido resignarse a no incluir bonos en dólares en el «menú» para los inversores, y ha cambiado la estrategia de «patear» deuda, para pasar ahora a priorizar la renovación de deuda a corto plazo.
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