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Torquemada manaos

La mezcla de inquisición contra periodistas y patrioterismo malvinero de Milei, no logra ocultar la pérdida de brújula del plan económico. Por Ignacio Fidanza

Milei como sumo sacerdote de un giro libertario de contornos fascistas y credo neoliberal, de proyección regional y por qué no, global. Un inesperado faro para el Occidente decadente que surge de Argentina, esa tierra que pudo ser potencia a principios del siglo pasado y que ahora se reencuentra con su destino manifiesto.

Bueno, no estaría pasando. Lo que tenemos es un Presidente que hace papelones acá y afuera. Que insulta, grita, propone hogueras, pero no pega una en lo que se supone que sabe: crecer con y sin dinero. «Un charlatán», lo definió el diario El País.

La economía está a las puertas de una recesión después de tres años de experimento libertario y la inflación se estancó en torno al 30% anual. La segunda más alta de ese Occidente que dice defender Milei.

Como lo de Malvinas se enredó por los zigzagueos de la geopolítica de Trump, ahora el menguado dispositivo de agitación libertario propone el cuco de la amenaza musulmán, como si Argentina fuera frontera con Marruecos. Como si el Río de la Plata fuera el Mediterráneo y Punta Lara la nueva Ceuta, que recibe desde Uruguay una ola de migrantes que cruzan a nado, desesperados por entrar a la próspera Argentina.

Lo llamativo no es el disparate oficial, es el enorme esfuerzo de buena parte de los mismos grandes medios que Milei quiere quemar en la hoguera, por disimularlo, acotarlo, pasarlo a las páginas internas, combinarlo con «peros» que buscan una compensación, porque claro, el peronismo es peor. Y entonces el periodismo se enreda, porque ya no describe, compensa.

Pero son temas menores. Perón recordaba que ganó con todos los medios en contra y lo echaron del poder con todos los medios a favor. Una lección que los presidentes argentinos suelen olvidar. Cristina, mal que le pese, sentó las bases de este Milei que adjudica al periodismo sus desgracias. El libertario no hizo más que subir el volumen de la misma lógica: los grandes medios envenenan la conciencia del pueblo, contra los gobiernos que se desloman para mejorar sus condiciones de vida. Son el filtro distorsionado que impide reconocer un proceso virtuoso que necesita tiempo.

Como nada de esto es realmente importante, vayamos a lo que sí importa: la política y la economía. El gobierno de Milei está ingresando en un terreno muy peligroso, la conjunción de crisis en la microeconomía con inestabilidad macro. A la destrucción de empleo formal, cierre de fábricas y comercios, caída de la construcción y obra pública, se suma ahora las dudas de un mercado que empieza a verificar que Caputo no tiene los dólares que dice que tiene, para pagar los vencimientos del año que viene.

«El Estrecho de Hormuz lo hundió a Caputo, se disparó la tasa y subió el petróleo justo cuando la economía empezara a recuperarse», justifica un funcionario que entiende que la suba del barril suma dólares, pero más temprano que tarde YPF deberá ajustar el precio de los combustibles y eso agravará la situación actual.

Pero ya sea por la geopolítica o por el propio diseño del plan, lo cierto es que Caputo no está proponiendo nada para mejorar las condiciones de vida de los argentinos. El mantra es esperar, como si de verdad estuviéramos condenados al éxito.

La visita del Papa posiblemente genere un espíritu de fraternidad que ayude al gobierno a terminar mejor al año. Pero los problemas de la vida cotidiana van a volver con la contundencia de lo real y van a volver en el año electoral.

Y ahora pasemos a la política. Milei está desbarrancándose en un viejo atajo de los gobiernos en problemas: toquetear las leyes electorales para suplir los votos que le faltan. Eliminar las PASO, forzar el desdoblamiento en la provincia de Buenos Aires, revivir las colectoras, mezclarlas con una ley de lemas acotadas, extender la boleta única a nivel provincial. Y la lista de alquimias se acumula en los despachos de la Cámara Nacional Electoral, que depende de los fondos del gobierno para organizar las elecciones.

Diego Santilli es el esforzado alquimista de esa ingeniería. El jefe de Gabinete nombró a Adrián González en el Correo, un viejo colaborador del hermano del presidente de la Cámara Electoral, Santiago Corcuera, cuando ambos compartían el gabinete de Rodríguez Larreta. Pero hay que decir que hace rato que González trabaja con Santilli. La gente construye su propio camino en la política, no siempre la mirada conspirativa es la más acertada. En todo caso, el peronismo ya le puso un GPS.

Ahora, este no es el primer baile de la Cámara Electoral, donde empieza a construirse un consenso. Las elecciones concurrentes como quiere Axel Kicillof para potenciar su candidatura, son posibles si ambas usan el mismo sistema electoral, es decir boleta única. Si se quiere combinar viejos sistemas con el nuevo, generan un caos logístico como el que se vivió en Santiago del Estero. «Por qué los gobernadores no quieren unificar los sistemas, todo sería mas sencillo?», se preguntan en la Cámara.

La respuesta es porque creen que pierde tracción el aparato. No es un pecado exclusivo de los peronistas. En Mendoza, para evitar que gane Luis Petri, el gobernador Cornejo está por romper todos los récord: quiere combinar ley de lemas al interior de las alianzas, con colectoras a nivel general. «No se puede», comenta tajante un funcionario libertario.

El segundo punto es la eliminación de las PASO, para evitar la unificación del peronismo. La Cámara Electoral ya avisó que se olviden de suspenderlas con un amparo, que les resuelva las dificultades que tienen en el Congreso.

Santilli dijo que había que sacar el medio dictamen de suspensión de las primarias del Senado, antes que termine octubre. No va a pasar. Después viene el Papa. «Es probable que intentan hacerlo en diciembre», anticipa un veterano senador peronista.

El problema del Gobierno es interno: la senadora Bullrich no hace nada para juntar los votos porque cree que Milei se manca o llega muy mal a las elecciones y ella podría plantearle el desafío de una primaria. Y los Menem, en Diputados, tampoco empujan su suspensión porque está atada al cierre de acuerdos con los gobernadores aliados, que ellos pretenden demorar para sacarles más. En este momento están pidiendo vicegobernador e intendente de la capital provincial. «En esos términos me conviene ir sólo», se indignó el neuquino Rolo Figueroa.

Pero los Menem, que son los únicos que no se distraen en la búsqueda de sus objetivos, tienen una planilla en la que muestran las provincias que pueden ganar, los senadores y diputados puros que pueden sumar y lo que le aportaría un acuerdo con los gobernadores. La cuenta, obvio, sugiere no acordar. O mejor dicho, no hacerlo en los términos de los gobernadores. Con eso tiene que lidiar Santilli, que insiste que ya tiene los votos para cerrar las PASO, si se cierran los acuerdos. Que es como decir que la torta ya esta lista, sólo que le falta el dulce de leche.

El peronismo sigue siendo un caos, pero ahora es un caos con una mesa. El segundo encuentro de Kicillof, Massa, Máximo y los gobernadores, sumó a los peronistas de centro de Juan Manuel Olmos. El consenso sigue siendo proteger las PASO. La tensión es obvia: el Gobierno quiere que se partan y vayan por un lado Cristina, Massa y algunos gobernadores y por el otro Axel Kicillof. Si se parten hacen lo que quiere el gobierno. Si logran resolver la candidatura sin romper, hacen lo que les conviene.

La moneda está en el aire, pero Milei arrastra un rechazo superior al 60 por ciento en casi todas las encuestas, con una aprobación que ronda los 35 puntos. Difícil la primera vuelta y más difícil el ballotage. El logro de bajar la inflación ya pasó a un segundo escalón y ahora se prioriza la recuperación de los ingresos.

Pese a todo, en el gobierno prevalece el optimismo: «Milei va a ser reelecto en primera vuelta», afirma un funcionario importante. Lo último que se pierde es la fe.

Fuente: LPO

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