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Abril: Más de la mitad de las familias no logró cubrir la canasta alimentaria

De acuerdo con un trabajo del IETSE, entre quienes sí pudieron cubrir la canasta básica de alimentos, el 71,4% necesitó asistencia estatal.

La inflación de abril mostró una desaceleración, aunque no representa un alivio real para los hogares, ya que el freno en los precios aparece atado a la caída del consumo, la pérdida de poder adquisitivo y la mayor dependencia del crédito y la asistencia estatal para cubrir necesidades básicas. Tal es así, que más de la mitad de los hogares no logró cubrir la canasta básica.

El índice de precios al consumidor (IPC) avanzó 2,6% en abril, según la medición del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), lo que implica una baja de 0,7 puntos porcentuales (p.p) respecto a marzo, aunque se explica por una menor presión estacional en educación tras el inicio de clases, una moderación en tarifas de vivienda y servicios —cuyos aumentos pasaron del 5,6% al 3,9%— y una desaceleración en alimentos y bebidas, que mermaron del 3,6% al 2,1%.

Sin embargo, el informe advierte que este último punto no responde a una mejora estructural, sino a la contracción de la demanda por el deterioro del ingreso real. En el acumulado del año, la inflación ya alcanza el 12,1%, superando en 2,1 p.p lo previsto en el Presupuesto 2026 para todo el período. En paralelo, el valor de la Canasta Básica Total (CBT) para un hogar tipo de cuatro integrantes -que determina la línea de pobreza- se ubicó en $1.876.722, mientras que la Canasta Básica Alimentaria (CBA) —que marca la línea de indigencia— alcanzó los $1.029.591, tras una suba mensual del 2,1% y un incremento acumulado del 13,9% durante 2026.

Ese encarecimiento de las condiciones mínimas de vida se traduce en un cuadro social cada vez más crítico. Según la encuesta de hogares del IETSE, el 56,8% de las familias no logró cubrir la canasta alimentaria en abril. Entre quienes sí pudieron hacerlo, el 71,4% necesitó asistencia estatal, ya sea a través de transferencias como la Asignación Universal por Hijo (AUH) o programas alimentarios.

Vale remarcar que los datos surgen principalmente de la Encuesta de Hogares (EH) realizada por el IETSE en abril 2026 sobre una muestra de 2.500 casos distribuidos en distintos sectores socio – económicos de la provincia de Córdoba.

En otro orden, también se observa que el 11,4% de los hogares encuestados redujo su ingesta a una sola comida diaria o atravesó situaciones de hambre, el 21,5% se quedó sin alimentos en algún momento del mes y el 32,1% sintió hambre pero no pudo satisfacer esta necesidad. A esto se suma que el 52,8% recortó la cantidad de comidas, eliminando principalmente la cena.

En este contexto, la financiación del consumo básico se convierte en una regla: el 88% de los hogares debió recurrir a crédito, fiado o préstamos para comprar alimentos. El informe advierte que este mecanismo comienza a mostrar signos de saturación, con tarjetas al límite, aumento de pagos mínimos y mayores niveles de morosidad e incobrabilidad.

En línea con el deterioro social, también se observa una baja de la actividad, con el comercio minorista de alimentos registrando un recorte interanual del 8,5% en volumen durante abril, lo que implica que aún cuando el gasto nominal pueda sostenerse por efecto de los precios, los hogares compran menos cantidad de bienes.

Vale recordar que los salarios formales, que incluyen públicos y privados, perdieron 8,87% de su poder adquisitivo entre noviembre de 2023 y febrero de 2024, según el INDEC. Para el próximo dato de marzo se prevé una nueva caída debido a la aceleración inflacionaria y una pauta salarial por debajo de ese nivel.

La combinación de inflación persistente y caída del salario real configura así un escenario de debilidad estructural del mercado interno, que golpea especialmente a comercios de cercanía y pequeñas unidades productivas, altamente dependientes del consumo doméstico.

En ese marco, el IETSE plantea que la narrativa de estabilización pierde consistencia, ya que la desaceleración inflacionaria no se traduce en una mejora del bienestar, sino que convive con recesión, endeudamiento y fragilidad social creciente.

Fuente: Ámbito Financiero

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