Pasó septiembre y pasó octubre. Antes pasaron la fundación del MDF, el desdoblamiento y dos cierres de listas con una cuota inusual de dramatismo. Pasó también la condena a CFK, su denteción y proscripción electoral. Pasó casi todo un año que el peronismo empezó pensando en cómo sobrevivir a un Gobierno arrollador, al que luego tuvo contra las cuerdas y frente al que hoy busca cómo posicionarse tras el contundente veredicto de las urnas.
El 2025 empieza a terminar con una especie de saldo de suma cero para el peronismo. Si a principios de año todas las proyecciones apuntaban a que Milei lo terminaría muy fortalecido a costa de un derrumbe peronista, ese resultado se dio pero sólo parcialmente. Tras la gran victoria nacional y la épica remontada libertaria en la PBA en octubre, lo cierto es que el peronismo pudo demostrar su poder de fuego con la aplastante victoria de septiembre, la importante cosecha de votos en las legislativas nacionales y, sobre todo, marcó la existencia de una alternativa política y electoral con la potencia necesaria para enfrentar a Milei, algo que a priori aparecía entre signos de pregunta.

Lo que persiste en este contexto ambivalente para el peronismo son las fuertes diferencias internas que le impidieron, por ejemplo, acordar propuestas mínimas que salieran del defensivo “frenar a Milei” y ofrecieran algún horizonte a una sociedad que todavía compra la promesa del libertario. Esas diferencias se negocian hoy en un paquete que, a corto plazo, puede marcar el futuro de la unidad peronista.
El Presupuesto 2026 de la PBA, sumado a la Ley Impositiva y de Financiamiento que permitiría el endeudamiento de la provincia, las vacancias en la Corte bonaerense junto con cargos en el Directorio del Banco Provincia, espacios en el Grupo Provincia, las autoridades en la Legislatura que viene y la renovación del PJ provincial forman un combo en el que cada sector del peronismo tiene intereses en juego y cuya resolución trazará las relaciones de fuerzas internas si la unidad sobrevive a esas tensiones.
PRESUPUESTO Y ENDEUDAMIENTO: CAJA Y GOBERNABILIDAD
“Estamos enfocados en sacar el Presupuesto, es lo más importante para nosotros”, dicen en Kicillofismo en relación a la jerarquía de todas las discusiones que hoy cruzan al peronismo bonaerense. Kicillof no logró que la Legislatura le aprobara la “ley de leyes” ni en 2024 ni para este 2025, y la gestión provincial viene funcionado vía prórroga del Presupuesto 2023 y la administración de los excedentes en la recaudación. Pero la merma en la actividad económica y la crisis hacen que la caída en la recaudación, sumada a los recortes de Nación, vuelvan imperioso contar con el nuevo presupuesto y la Ley Impositiva para sostener el funcionamiento del Gobierno.

En combo con el Presupuesto aparece la discusión clave por el endeudamiento provincial. Kicillof solicitó a la Legislatura la aprobación para tomar un máximo de 3 mil millones de dólares de deuda, que corresponden a los 1.045 millones solicitados para 2025 y que no fueron aprobados y unos 1.990 millones para el nuevo ejercicio. Pero el gobernador jugó una carta extra en este pedido: ató el Fondo de Fortalecimiento de la Inversión Municipal (FFIM) a la nueva deuda que contraiga la provincia. En concreto, el 8% de los fondos que logra conseguir el Gobierno en materia de nueva deuda serían destinados directamente a ese fondo para los municipios.
La jugada de Kicillof de acorralar a los intendentes comprometiendo recursos que irían a los distritos a la aprobación del endeudamiento agitó el avispero. En la oposición ya salieron voces libertarias y del radicalismo a manifestarse en contra. En el sector cristinista del peronismo no fueron tan al fleje, pero Mayra Mendoza dejó un mensaje picante en la salida de la presentación del Presupuesto cuando expresó que había ido “con un cuadernito” para anotar esos números y que se iba sin claridad al respecto. Las críticas apuntan a que el Ejecutivo podría tomar decisiones sobre el monto de ese endeudamiento que impactarían en lo que finalmente recibirían los distritos, desde donde se reclama el establecimiento de montos fijos.
Otra discusión en este sentido es que el proyecto plantea que “los municipios que adhieran podrán utilizar esos recursos exclusivamente para inversión, no para gastos corrientes”. Con las cuentas municipales en rojo, muchos jefes comunales aspiran al tubo de oxígeno del FFIM para la supervivencia cotidiana.
“Con este tema va a haber choques con La Cámpora, porque si sale el endeudamiento Axel va a tener espalda económica y de gobernabilidad para un año en el que va a empezar la construcción de su candidatura nacional, y no creo que ellos quieran eso”, desliza una fuente del kicillofismo desde un Ministerio bonaerense. Esta semana, Facundo Tignanelli, hombre fuerte de Máximo Kirchner en la Legislatura, le dijo a Noticias Argentinas que el cristinismo trabajará para que el presupuesto salga y que tienen expectativas en lograrlo, pero aclaró que “se establecen pautas presupuestarias alineadas con lo que marcó la pauta inflacionaria del Gobierno. Eso es más una cuestión técnica porque sabemos que la pauta inflacionaria que marca Nación está media dibujada”.
La semana que viene la Cámara Baja de la Legislatura convocará a sesión para darle estado parlamentario al Presupuesto, la Ley Impositiva y la de Financiamiento. Allí se verán oficialmente las primeras cartas de cada tribu sobre la mesa.
La Corte Suprema bonaerense está compuesta hoy por tres miembros, Hilda Kogan, Daniel Soria y Sergio Torres, y tiene cuatro vacantes. El fallecimiento de Héctor Negri en 2020, las renuncias de Eduardo Pettigiani y Eduardo de Lazzari en 2021 y la jubilación de Luis Genoud el año pasado dejaron vacías cuatro de las siete sillas del máximo tribunal provincial. Por allí circula otra de las negociaciones en curso.
Hay en este tema una ventaja en términos de números. Por un lado, lo que hay para repartir. Las cuatro vacantes permiten que el peronismo entregue una para cada una de sus patas y se deje una cuarta para negociar con la oposición. El esquema contaría con el consenso de todas las tribus, que ya preparan sus candidatos. Pero también hay un mejor escenario en la Legislatura frente a otras discusiones. El nombramiento de los jueces de la Corte requiere una mayoría absoluta en el Senado bonaerense. Hoy Fuerza Patria cuenta con 21 de las 46 bancas, pero el recambio del 10 de diciembre dejará al peronismo con 24 escaños y la mayoría propia asegurada. Un punto que podría anotarse el gobernador y su estrategia del desdoblamiento.
En la misma negociación entra el cargo del subprocurador general, que también podría nombrarse con esa mayoría y que está vacante desde mayo del año pasado. Misma situación para las sillas que faltan completar en el Directorio del Banco Provincia y en el Grupo Provincia. Mientras que el kicillofismo pretende dar estas discusiones por separado, en el cristinismo y el massismo agrupan la repartija en el combo que incluye los votos que el Ejecutivo necesita para aprobar el Presupuesto y el endeudamiento.

En el paquete de negociables aparece también la presidencia del PJ provincial. Según la tropa consultada, por estas horas ese botín cambia de escalafón en la jerarquía de todo lo que se viene discutiendo. Hay un consenso bastante instalado de que el tema no se llegará a resolver en los plazos que debería, puesto que Máximo Kirchner tiene mandato hasta el 18 de diciembre y para renovar la presidencia este año ya debería haberse convocado a elecciones. Máximo confirmó este sábado en una entrevista que febrero puede ser la fecha, y entre las tribus hay cierto acuerdo de patear unos meses esta resolución y enfocarse en las roscas que deben pasar por la Legislatura antes de fin de año. Sin embargo, este es el tema que empieza a tomar mayor temperatura en el debate público entre las distintas patas del peronismo bonaerense.
No son pocos los kicillofistas que pretenden que el gobernador, en tanto máxima autoridad institucional de la provincia, reclame para sí la presidencia partidaria. Parte de los intendentes del MDF están en esta tesitura. Pretenden un partido con más raigambre en los territorios y ven en la jugada la posibilidad de desterrar definitivamente a Máximo Kirchner y a La Cámpora de la toma de decisiones, algo que empezó con el desdoblamiento y la construcción de las listas locales. El planteo forma parte del sector del peronismo que quiere acelerar una ruptura entre el gobernador y el kirchnerismo.
“Axel no se va a meter en esa pelea, si nos vamos a pelear será temas más importantes como las leyes que necesitamos”, responden cerca del gobernador. “Nosotros no necesitamos romper nada”, agregan, sosteniendo la postura resbaladiza para quienes pretenden tironearlo, hacia una u otra orilla de la discusión, con la que Kicillof viene moviéndose desde que decidió su emancipación. Sin embargo, en el núcleo kicillofista no niegan la disputa por el partido y abren el juego para que sus alfiles se lancen a la batalla: “si los intendentes quieren reclamarlo nos parece bien, que lo reclamen”, sentencian.
Paradójicamente o no, la primera jefa comunal que se expresó en esa línea reporta (¿o reportaba?) a las filas de Máximo Kirchner. Mariel Fernández, referenta del Movimiento Evita e intendenta de Moreno, es actualmente la vicepresidenta segunda de Máximo en el PJ provincial y CFK la eligió como cuarta vicepresidenta para la lista con la que llegó a la titularidad el PJ nacional. Fernández dijo esta semana que le gustaría participar de una interna, pidió un partido “más abierto” y que “no sea una cáscara vacía ni sea un elemento de disputa, sino que sea un elemento de construcción”.

Si el tiro por elevación a Kirchner fue parte de una estrategia conjunta para posicionarla o, como dicen otros que conocen la disputa interna en el Evita, fue producto de un enojo de la intendenta con Máximo por los cierres de listas con los que no quedó conforme, habrá que verlo. Lo cierto es que Fernández tuvo un encuentro con Kicillof y es uno de los nombres en danza que intentarán pararse en medio de la grieta entre el gobernador y el líder de La Cámpora. No es la única. En ese pelotón suenan otros pesos pesados como el jefe comunal de Lomas de Zamora, Federico Otermín.
Desde el MDF también surgieron voces que se sumaron a la compulsa. Andrés “el cuervo” Larroque, ministro de Kicillof y uno de los más enfrentados con Kirchner en la tropa del gobernador, dijo querer “un PJ dinámico, comprometido con el gobierno provincial frente a los ataques del gobierno nacional”, aunque aclaró que hoy la prioridad del kicillofismo es aprobar el Presupuesto y el endeudamiento. En su entorno reafirmaron esa línea, pero marcan también que el ministro fue cambiando en las últimas semanas su postura en relación al PJ, pasando de no hablar del tema a decir que él estará donde lo necesiten.
Larroque puede ser una de las espadas del gobernador para tensionar con Máximo la discusión del PJ si los otros debates se traban. En tropa aparece también Verónica Magario, vicegobernadora y vicepresidenta primera del PJ provincial. La matancera sería una carta más ligada a los intendentes que Larroque y su nombre suena como posibilidad. La Matanza preside hoy el Congreso partidario, vía Fernando Espinoza, órgano que pasará a ser la mayor autoridad desde que se venza el plazo de la actual presidencia hasta que asuma la próxima.
Máximo Kirchner, por su parte, protagonizó un raid de apariciones públicas en las últimas semanas y este sábado planteó sin vueltas que podría ir por un nuevo período al frente del PJ. El diputado reafirmó en on algo que el cristinismo esgrime en off: que al momento del cierre de listas provincial Kicillof puso su continuidad como titular del partido como una prenda de negociación. “En su momento se charló, pero si no lo quieren hacer qué sé yo”, dijo el líder de La Cámpora. Kirchner no disparó con munición gruesa contra Kicillof, pero no dejó pasar la oportunidad para lanzar algunos dardos: “Que digas “no me dejan crecer” desde una gobernación es medio raro”, soltó.
Toda esta rosca tiene un trasfondo. El camino hacia 2027 implicará mucho que la construcción que logre cada sector. Alguna mano deberá blandir la lapicera que firme las listas en las que se plasmen los nombres de los candidatos a suceder a Kicillof en el Sillón de Dardo Rocha y las renovaciones en cada distrito. Lejos de una cáscara vacía, el PJ bonaerense será un lugar clave en la reestructuración del peronismo, y la elección de febrero aparece como otro gran hito en el proceso de reconfiguración en curso.
PAQUETE DE LA UNIDAD
Si bien no son pocas ni superficiales, estas no son las únicas discusiones que exigirán definiciones contundentes en un peronismo obligado a rearmarse. La presidencia de Diputados en la Legislatura y las autoridades legislativas serán otra rosca que determinará el grado de presión que el cristinismo y el massismo puedan ejercer contra un Kicillof que entrará en modo expansionista, pero que necesita para ello asegurarse la gobernabilidad en su territorio.
En esa clave también entran las relaciones exteriores del peronismo. ¿Quién determinará cómo pararse frente a gobernadores peronistas más proclives a colaborar con Milei, o incluso frente a otros sectores como el de Provincias Unidas u otros provincialismos? Si hay un consenso en ampliar para enfrentar a Milei en el 2027, porque “con el peronismo sólo no alcanza”, la pregunta por quién comandará esas negociaciones es en el fondo una pregunta por la conducción.
De la resolución de estos debates dependerá la supervivencia de la unidad peronista hoy por hoy atada con alambres. Muchos de estos temas no tienen una perspectiva común entre las distintas tribus, ni tampoco aparece una claridad sobre cómo podrían alcanzarse nuevas síntesis. Pero las discusiones están sobre la mesa y ya no hay paradas intermedias hacia el 2027. Restará ver si el peronismo continúa junto por una misma senda, o entra en una dinámica de caminos que se bifurcan.
Fuente: Diagonales







