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La disputa por las cloacas del AMBA

El histórico empresario del sector de potabilización del agua Mauricio Filiberti busca, ya sin su socio en Edenor José Luis Manzano, quedarse con el 90 % del paquete accionario de la empresa estatal en vías de privatización. Choca de frente con el Grupo Roggio. Ostentación con perfil bajo, alianza con la familia Roman y los Neuss.

Mauricio Filiberti es uno de los empresarios que siempre prefirió el perfil bajo. Lo hizo cuando comenzó como importador de autos de lujo, y lo continuó con su extensa carrera de décadas en el rubro de la industria química, de la mano de su firma Transclor, aun cuando ya era reconocido en el ambiente de la elite local como el “Rey del Cloro”, mote con el que competía con otro actor histórico del área: el sindicalista José Luis Lingeri, “Míster Cloro”.   

Desde hace casi 20 años que es proveedor de AySA, abasteciendo a la todavía firma estatal con policloruro de aluminio, en un servicio que abarca a casi 11 millones y medio de personas en Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano. Además, se lo asociaba al trabajo de sus productos con derivados de cloro-soda y productos químicos esenciales para la industria electroquímica. Pero el reconocimiento de Filiberti se limitaba al del Círculo Rojo.

Esa tranquilidad le duró hasta que decidió meterse de lleno en el ojo público cuando decidió asociarse con José Luis Manzano y Daniel Vila en el grupo Edelcos (Empresa de Energía Cono Sur S.A.) para quedarse con Edenor.

Antes de cumplir 77 años, el “Rey del Cloro” quiere dar otro salto y es por eso que su nombre figura en la compulsa por una de las “joyas de la abuela” con las que Javier Milei y Luis Caputo buscan hacerse de unos 500 millones de dólares.

Se trata del concurso por la privatización de AySA, que comenzó a abrirse con el decreto 494, del 22 de julio del año pasado, con el que se dio inició al proceso para que el Estado venda el 90% de la compañía.

Se estipula que el 10% restante quedará en manos de trabajadores como ocurrió con la privatización de los ´90, y que un operador se hará cargo del 51% de la empresa. El resto de las acciones se colocarán en la Bolsa.

En la contienda por la mayoría accionaria de la compañía se conoció esta semana que Filiberti, tras meses de especulaciones, finalmente se presentó, pero sin su amigo personal Manzano, que se bajó de la compulsa. Ambos dueños de Edenor ya se habían quedado hace más de un mes con la totalidad de la participación accionaria de YPF en Metrogas.

En esta licitación por AySA hay dos oferentes que piden pista y que presentaron su plan técnico para quedarse con la operación. Filiberti decidió presentarse con Transclor en tándem con Rowing; con la brasileña Arcos, como componente técnico, que tiene a la la firma Água do Rio como operador de los servicios de agua potable y alcantarillado en Río de Janeiro; y, con el fondo de inversión neerlandés PHX.

De la sociedad con Rowing trasciende que Filiberti se acercó a la familia Román, más precisamente a Walter, uno de los dos empresarios del grupo, que tiene una trayectoria de más de tres décadas en el mundo de la logística y la construcción.

Roman tiene una relación fluida con La Libertad Avanza y se sospecha que es la vara visible de quienes edifican un verdadero imperio en los tiempos mileistas: los hermanos Juan y Patricio Neuss, que, bajo la firma Edison Energía ya se quedaron con los negocios de la generación, el transporte y la distribución de energía, y también están detrás de la adjudicación de la belga Jan de Nul para operar en la Vía Navegable Troncal del Paraná.

En este último caso, la relación entre los Neuss y los Roman, en este caso con Ricardo Roman (hermano de Walter) y su hijo Leonardo, de la dragadora Sevimagnus, es elocuente: llegan para garantizar los servicios como subcontratistas en las tareas de dragado y redragado.

Cabe destacar que por la Hidrovía Paraná-Paraguay entran el 80% de los dólares por exportaciones de toda la Argentina, y se trata de una administración que permite facturar entre 200 y 300 millones de dólares al año.

Como detalla la periodista Giselle Leclerq, Walter Roman fue aportante de la campaña de La Libertad Avanza: bajo las empresas Direct Group y Lógico colaboraron con $20 millones cada para el partido oficialista, según relata en Perfil. Además, agrega que, en 2025, Walter fue denunciado por una polémica contratación con el PAMI, en la que fue señalado por un presunto direccionamiento y sobreprecio.

En cuanto a la compulsa por AySA, del otro lado de Filiberti y Walter Roman quedó Roggio ROAS, vehículo del Grupo Roggio, que quiere hacer pesar su experiencia como operador de Aguas Cordobesas. Incluyeron en esta operación a Benito Roggio e Hijos (histórica constructora), Aguas del Plata Participaciones (negocio hídrico), Hidrosan Capital y Central Buen Ayre (generación hidroeléctrica); y, se aliaron con la estatal israelí Mekorot que proveerá “respaldo tecnológico”, y el grupo japonés Marubeni.

Otros posibles 15 oferentes desistieron de presentar su propia propuesta técnica. Allí se destacaban algunos grupos internacionales como la israelí Mekorot (quedó como asistente de Roggio); la francesa Veolia, que se quedó con el Grupo Suez que hasta el 2006 tenía la concesión de la antigua Aguas Argentinas; y, la empresa brasilera Sabesp, que opera el servicio de agua en San Pablo.

EL LADO OSCURO DEL CLORO

Filiberti abandonó sus estudios de Ingeniería en la Universidad de Buenos Aires cuando comprendió la potencialidad que tenían en el mercado de la potabilización del agua y, fundamentalmente, sus derivados.

Tras conocer de primera mano la experiencia de una de las empresas de punta en Uruguay, a fines de los años ´80 comenzó a importar los excedentes de cloro a la Argentina. A esto le siguió la diversificación en el mercado, utilizando el químico para la elaboración de otros productos, entre los que se destacan insumos para glifosato y otros agroquímicos.

Con una presencia destacada en el mercado de las lavandinas que se venden en el mercado interno, y una creciente participación en la manufactura de productos petroquímicos y farmacéuticos, Filiberti se impuso con productos que incluyen desde la elaboración de PVC, plásticos, hasta colchones.  

Como parte de una élite de unos pocos, desde hace años lleva una vida en la que abundan los lujos, principalmente la navegación. Tuvo hasta 2022 su yate Attila, valuado en 70 millones de dólares.

Como enumera el periodista Rodis Recalt, Attila es un megayate de 64 metros de largo con cinco plantas, con helipuerto, sauna, gimnasio, una piscina de cinco metros de largo con piso transparente que funciona como techo de la cubierta de abajo. Cuenta con un ambiente llamado “club de playa” equipado con sillones y una gran mesa cubierta en mármol.

A bordo de él, junto a su pareja, la exmodelo Camila Pitana, a quien le saca más de 40 años de diferencia, recorrió las costas europeas: Saint Tropez, Ibiza, Formentera, Palma de Mallorca, Mónaco y Cerdeña, entre otros. Filiberti también compró tres aviones: dos de ellos, un Lear 60, un Lear 35 y un Falcon 900. A este se le suma un Porsche 911 Carrera 4S.

Desde 2009, Transclor le sumó a su suministro de cloro líquido a AySA el de ploricloruro de aluminio para la planta de General Belgrano. Filiberti se convirtió así en proveedor casi exclusivo de elementos de potabilización de la empresa que será reprivatizada y se consolidó con una posición monopólica en este mercado

Las influencias de Filiberti en la relación con AySA lo pusieron en el centro de la tormenta en 2023. Como señala Giselle Leclerq, Transclor se presentó para la adjudicarse de una licitación por US$115 millones por la operación y el mantenimiento de la planta de PAC y la provisión del insumo. Pero el proceso fue anulado por denuncias por presunto direccionamiento y abuso de posición dominante.

A pesar de esto, el año pasado, Transclor volvió a presentarse y fue beneficiado con la continuidad del vínculo por la falta de otro proveedor en condiciones de satisfacer la demanda.

Ahora Filiberti va por más y preparó el terreno para meterse en la disputa por AySA. Hacia finales del mes pasado, modificó los estatutos de Transclor para poder invertir en servicios públicos, modificando el objeto social de la compañía y esto permite a la firma participar en sociedades prestadoras, ampliando su rol a inversor.

Esto fue pocos días antes del vencimiento original para presentar las ofertas por AySA, que quedó ratificado el viernes 28 de agosto a través de una publicación en el Boletín Oficial.

La apertura del concurso del último martes no definió aún al futuro operador ni reveló cuánto pagará cada grupo, y se espera la deliberación de parte de una Comisión de Evaluación que determinará si las propuestas cumplen con las condiciones legales, técnicas, económicas y financieras fijadas en el pliego.

Así avanza el sueño de Filiberti de quedarse definitivamente con una de las empresas insignia del Estado. Con la que ya venía usufructuando negocios como pocos.

Fuente: Diagonales

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