
El periodista francés Jean Charles Chatard, autor del libro «Francesas: Autopsia de un doble asesinato», sobre el caso, dió una conferencia de prensa manifestando ayer algunas pistas sobre su testimonio ante la justicia sobre el asesinato de las turistas francesas Cassandre Bouvier y Houria Moumni ocurrido en el año 2011. Se recuerda que Chatard es una figura clave en la investigación, que ha cuestionado la investigación oficial argentina y ha trabajado junto al padre de una de las víctimas, Jean Michel Bouvie.

Esta es la declaración escrita que el periodista francés Jean Charles Chatard hizo llegar a todos los medios de Salta:
Les agradezco sinceramente su presencia tan numerosa.
Su movilización demuestra, una vez más, que la prensa salteña responde a una verdadera demanda social y, sobre todo, que sigue siendo un engranaje esencial para que la causa conocida como el caso de las Francesas pueda, algún día, cerrarse definitivamente y que finalmente se haga justicia por Cassandre y Houria, dos mujeres libres, violadas y asesinadas en condiciones de una brutalidad indescriptible.
Si los he convocado hoy es porque acabamos de cruzar un nuevo umbral en el camino hacia la verdad. Ayer, fui escuchado durante tres horas y media por la Unidad Fiscal Especializada de la provincia de Salta, encargada de la resolución de los feminicidios. Esa audiencia marca un punto de inflexión. Impone, a mi entender, un deber de transparencia hacia ustedes, hacia la opinión pública y hacia las familias.
Durante tres horas y media, pude expresarme con total libertad ante cuatro fiscales que me escucharon con una atención meticulosa. Respondí a todas sus preguntas, preguntas abiertas, no direccionadas y toda la declaración fue filmada.
También quiero precisar un punto esencial: conté con la asistencia de una traductora pública jurada de francés, lo que garantizó la exactitud y fidelidad de cada palabra pronunciada.
Insisto en un elemento fundamental. A lo largo de todo este proceso, respondí con total transparencia y honestidad, sin invocar ni refugiarme jamás en el secreto profesional de las fuentes periodísticas. El diálogo fue fluido, respetuoso, de muy alto nivel. Tuve frente a mí fiscales atentos, que no me interrumpieron ni intentaron instalar contradicciones artificiales.
Éste es, con precisión, el marco de mi declaración como testigo.
A continuación, debo informarles que el contenido exacto de mi declaración ante los cuatro fiscales está protegido por el secreto de la instrucción. Por lo tanto, corresponde exclusivamente a la Unidad Fiscal decidir si desea comunicarse o no sobre el detalle de mi testimonio. Sin embargo, sí puedo compartirles los grandes temas abordados durante estas tres horas y media.
Aporté información sumamente precisa sobre mis tres encuentros con Gustavo Lasi en la cárcel de Villa Las Rosas:
el primero durante el juicio de 2014,
el segundo después del veredicto de ese mismo año,
y el tercero en 2015, cuando el proceso ya había concluido y toda presión había desaparecido sobre el acusado.
También pude desarrollar mi análisis sobre la hipótesis de una puesta en escena en el mirador de la Quebrada de San Lorenzo, es decir, la posibilidad de un simulacro de asesinato destinado a confundir a los investigadores desde las primeras horas.
Asimismo, expuse mi análisis sobre el extraño estado de conservación de los cuerpos de Cassandre y Houria, supuestamente expuestos al aire libre durante quince días. En ese sentido, compartí mi opinión sobre la polémica en torno a la datación de sus muertes, un punto decisivo que nunca ha sido aclarado de manera satisfactoria.
Abordamos luego la actitud sumamente controvertida del juez de instrucción Martín Pérez, quien decidió deliberadamente, ya en octubre de 2011, no incorporar al expediente argentino pruebas esenciales aportadas por los investigadores y peritos franceses. Pruebas que podrían haber:
exculpado a Clemente Vera y a Daniel Vilte,
y, sobre todo, permitido identificar y enfrentar a los verdaderos autores del doble feminicidio. Autores que, hasta el día de hoy, jamás han sido identificados, pese a haber dejado su huella genética en la escena del crimen.
También expresé mis dudas sobre el funcionamiento del arma presuntamente utilizada y sobre las fallas graves de la investigación en materia de telefonía. La telefonía, lo repito, es un punto central, un eje determinante que, si se retomara con rigor, podría orientar a los investigadores directamente hacia los posibles autores, e incluso hacia eventuales cómplices.
Luego analizamos la cadena de responsabilidades que condujo al colapso judicial que todos conocemos. Mencionamos:
los errores de apreciación del juez de instrucción,
las presuntas torturas policiales contra inocentes,
las falsas pruebas colocadas en la escena de hallazgo de los cuerpos para desviar la investigación,
y finalmente, la condena arbitraria de Clemente Vera por la justicia local, seguida de su liberación y absolución total por la severa y contundente decisión de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina.
En este punto, dos preguntas se imponen y se las planteé a los fiscales:
¿Quién es el autor intelectual de este desastre judicial?
¿Quién, desde las sombras, orquestó esta sucesión de errores, manipulaciones y omisiones que alejaron a la justicia de la verdad durante catorce años?
También abordamos la cuestión sensible de una posible fiesta VIP clandestina, organizada o no en relación con el caso, en un barrio de San Lorenzo durante la desaparición de las víctimas. Expuse la información que poseía, así como mis reservas.
Compartí además mi opinión sobre lo que puede llamarse, sin exageración, el “deporte nacional” en Salta: los rumores. Rumores que, lejos de esclarecer, generan efectos perversos, distorsionan la comprensión de los hechos y desvían la atención de los verdaderos desafíos judiciales.
Otro tema crucial puesto sobre la mesa fue la pérdida total de confianza de los ciudadanos de Salta en su justicia provincial. Una desconfianza profunda, alimentada por una seguidilla de casos oscuros nunca resueltos, entre ellos el doble feminicidio de las Francesas, que sigue siendo el emblema de este derrumbe institucional.
Éste es, en esencia, el contenido de nuestras conversaciones grabadas.
Durante la declaracion testimonial, la Unidad Fiscal también tomó la iniciativa de comunicarme ciertos elementos sobre la investigación en curso. No puedo hablar en nombre de la institución, pero sí brindarles información útil para comprender el panorama.
Desde la visita de Jean-Michel Bouvier a Salta, en febrero de 2025, jamás llegó una señal clara de la fiscalía sobre sus intenciones:
ni sobre una reapertura total de la investigación,
ni sobre su voluntad real de identificar y juzgar a los presuntos autores, que no lo olvidemos siguen en libertad.
Ese silencio abrió la puerta a interpretaciones erróneas, que el propio Jean-Michel llegó a repetir: ausencia de investigación, ausencia de testimonios, ausencia de todo. Yo mismo he hablado a menudo de un silencio casi funerario de la justicia provincial. Pero la realidad es más compleja. Desde hace varios meses, la fiscalía trabajaba en las sombras, sin preocuparse por los malentendidos generados en la opinión pública.
Me explicaron que, en un primer momento, debieron imponer su autoridad en un punto crucial: los hechos ocurrieron en 2011 y, por lo tanto, la nueva instrucción debía volver a jueces del sistema judicial anterior. Tras un largo pulso institucional, fue finalmente la fiscalía quien obtuvo la última palabra.
Y eso, permítanme decirlo claramente, constituye una buena noticia para el expediente. Considero que la Unidad Fiscal goza de una independencia mucho más sólida para investigar, especialmente las falencias del juez Martín Pérez, que la que podrían tener jueces cercanos a él.
La Unidad Fiscal retomó, desde hace meses, la lectura completa del expediente, que cuenta con treinta y dos tomos. Comenzaron desde la primera página, sin omitir nada, y también leyeron mi libro con gran atención.
Han iniciado investigaciones profundas en materia de genética y telefonía. No puedo brindar detalles porque la instrucción está en marcha, pero esto demuestra algo esencial: mi libro es ahora considerado una pieza probatoria, un reconocimiento claro al trabajo que llevo años realizando sobre estos dos ejes clave, que considero fundamentales para llegar rápidamente a los verdaderos autores.
Los fiscales también me confirmaron la excelente cooperación de la Embajada de Francia en Buenos Aires, lo que facilita el trabajo de los investigadores salteños y permite el cruce de información con la justicia francesa, un punto determinante en una investigación transnacional.
Finalmente, ya se han tomado varias declaraciones judiciales a determinadas personas desde hace algún tiempo.
Todo esto demuestra una cosa: la investigación avanza, está en curso, y la impunidad que todavía rodea el doble asesinato de Cassandre y Houria podría, muy pronto, llegar a su fin.
Permítanme concluir mencionando la agresión sufrida por Jean-Michel Bouvier en París la semana pasada. Una agresión violenta, en la vía pública, que le provocó tres fracturas, según sus propias palabras, y que lo obligó a cancelar su viaje previsto a Salta entre el 21 y el 28 de noviembre.
Desde mi perspectiva, con toda la objetividad e independencia necesarias, y según la información de la que dispongo hasta hoy, nada indica que este hecho tenga relación directa con el caso de Salta. A primera vista, se trata de un hecho de derecho común.
Deseo de corazón que Jean-Michel pueda recuperarse lo antes posible de sus lesiones, y que pueda regresar a Salta para designar oficialmente a un abogado capaz de aportar a la justicia local elementos nuevos y decisivos.
Les agradezco sinceramente su atención y su presencia.

JC CHATARD, 21/11/2025






