La devaluación del real implica una pérdida de competitividad para la economía argentina. El BCRA acotó suba del dólar, pero lo dejó deslizar
La devaluación del real -y su efecto contagio sobre el peso argentino- luego de la sorpresiva victoria del presidente Lula Da Silva estaba ya prevista por todos, empezando por el ministro de economía, Toto Caputo, y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili.
Así como hace tres semanas los funcionarios habían celebrado la oxigenación que implicaba la apreciación del real y la suba generalizada en el mercado de capitales luego de la primera vuelta favorable a Flávio Bolsonaro, esta vez había una guía de acción en caso de que el mercado brasileño reaccionara con miedo ante la incertidumbre del nuevo mandato del PT.
Una prueba de ello fue el hecho de que el BCRA se abstuviera de comprar dólares en el mercado spot, en una jornada de mucho volumen operado -u$s717 millones-. El ritmo de compras venía muy alto en las últimas semanas, por encima de u$s60 millones diarios, y esta fue la primera jornada sin sumar reservas. Más bien al contrario, por primera vez en varios meses hubo ventas, a cargo del Tesoro: los operadores del mercado hablan de unos u$s100 millones.
El otro dato clave fue que Bausili, rompiendo una abstinencia de varias jornadas, volviera a intervenir fuerte en los futuros, con posturas por 181.000 contratos -lo que equivale a u$s181 millones-. Es una forma indirecta de intervenir en el mercado cambiario y de atenuar la suba del dólar, por la vía de atraer inversiones que se tienten con ganarle la apuesta de cobertura al Central.
En las pantallas del mercado A3, se negoció un tipo de cambio a $1.544 para fin de octubre -es decir, cuatro días hábiles-. Dado que la jornada de este lunes cerró con el dólar mayorista en $1.540,47, eso implicaría que prácticamente el tipo de cambio quedaría estabilizado en ese nivel.
Devaluar o no devaluar
La pregunta que el mercado local trata de responder en este momento es si el equipo económico del gobierno avalará la subida de $11 que tuvo el billete verde el «día post Lula» -un deslizamiento de 0,7%- o si, por el contrario, intentará que vuelva al nivel de la semana pre-electoral.
Por cierto que eso dependerá, en gran medida, de lo que ocurra en Brasil. Por lo pronto, los operadores siguieron con atención la evolución de la primera jornada, en la que el real terminó recuperando sobre el final, alentando los análisis sobre que había ocurrido una típica sobre-reacción por el sorpresivo resultado.
De esa manera, la paridad cambiaria, que el viernes había cerrado a 4,98 reales por dólar, saltó hasta el nivel de 5,60 reales en la apertura del lunes –mientras se desplomaba el mercado bursátil– pero cayó hacia el mediodía y se mantuvo en la zona de 5,40 reales por dólar. Es decir, hubo una caída de 3,5% desde la cotización «de pánico» hasta el cierre.
Si el peso argentino copiara el mismo movimiento, entonces habría margen para que cayera hasta la zona de $1.487. Pero claro, también es posible que a Caputo y Bausili no les disguste el precio al que cerró el tipo de cambio el lunes.
El «efecto contagio» invertido
En realidad, lo que en el gobierno esperaban -cuando todos los indicios apuntaban a una victoria de Bolsonaro- era una revaluación del real. Era una excelente noticia para la economía argentina, porque suponía una bocanada de oxígeno en un contexto de pérdida de competitividad.
En otras palabras, cuando el real se encarece ocurren las consecuencias positivas de una devaluación del peso, pero ninguno de sus impactos negativos.
Un real más caro implica que, en términos reales, se abaratan las exportaciones argentinas al mercado brasileño -el principal destino de las exportaciones nacionales-, al tiempo que se encarecerían las importaciones que compiten con la industria local. Y, además, la posición de Brasil como potencia agrícola podría presionar a una suba en los precios de las materias primas, beneficiando indirectamente a los productores argentinos.
De hecho, las proyecciones de los economistas apuntaban a que, en caso de un triunfo opositor, el cambio en Brasil caería hasta una paridad de 4,5 reales por dólar. Para Argentina, eso habría sido equivalente a un salto en la cotización a más de $1.600 por dólar.
El propio Caputo había dejado entrever su entusiasmo por esa situación luego de la primera vuelta electoral.
Pero ahora, en cambio, ocurre la situación inversa: con un real que se devalúa más de un 8%, la economía argentina corre el riesgo de que un «efecto contagio» agrave la tendencia recesiva.
Una tentación para Caputo
Esta situación deja al gobierno argentino ante la disyuntiva de dejar correr el tipo de cambio, aunque más no sea para que la paridad con la moneda brasileña se mantenga parecida a la de la semana pre-electoral, o si aferrarse a la defensa de la estabilidad cambiaria para asegurarse que no haya ninguna presión sobre la inflación.
¿Qué ocurrirá? Hasta ahora, las señales son mixtas. Por un lado, el hecho de que el Central haya vuelto a intervenir en los futuros del dólar dan la pauta de que se quiso evitar un movimiento de pánico que pudiera derivar en una corrida de los pequeños ahorristas.
Pero, también, se convalidó un deslizamiento que, acaso en otro momento, habría estado fuera de las situaciones aceptables. Después de todo, el propio Caputo se ha jactado ante los inversores de poseer una «bazooka» capaz de barrer de raíz contra cualquier intento de ataque especulativo contra el peso.
Y, en ese marco de volatilidad, hasta podría darse un escenario que podría tentar al ministro: que en Brasil se produzca el consabido rebote post pánico, y que eso lleve a una recuperación parcial del real frente al dólar. En ese caso, si en Argentina se mantuviera la paridad con la que el mercado cerró este lunes, entonces habría una pequeña ganancia de competitividad.
Se reabre la polémica
En las próximas horas empezará a quedar más claro si hay un cambio de prioridades en el equipo económico o si el ancla cambiaria seguirá mandando. En todo caso, lo que seguramente ocurrirá es una intensificación del debate que abrió el economista Ricardo Arriazu, en el sentido de que la compra de divisas profundizará el estancamiento de la actividad productiva.
Esa política de acumulación de dólares, según el economista, hace que la economía crezca por debajo de su potencial: a un ritmo de 2% anual, cuando tiene condiciones para hacerlo al 5%.
Su diagnóstico generó un debate instantáneo entre los analistas. Algunos interpretaron que lo que critica Arriazu es el hecho de que el Tesoro, en su celo por absorber los pesos que inyecta el BCRA al comprar dólares, presiona un alza de las tasas de interés y enfría el crédito.
Siguiendo ese argumento, se generaría una contracción monetaria, porque la base de pesos crece en menor medida que las reservas.
Es un debate que generó inquietud, dado que el fortalecimiento de reservas no es sólo una estrategia del gobierno, sino una exigencia del Fondo Monetario Internacional.
Dada la necesidad de mostrar una posición de reservas fuerte para morigerar la típica volatilidad pre-electoral, la advertencia de Arriazu aumenta la inquietud, porque estaría implicando un panorama de estancamiento económico también en 2027, pese al fuerte flujo de capitales que genera la balanza comercial. Ese panorama, a partir de ahora, se agravaría por el efecto de un real brasileño más débil.
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